Pedro I, El Mentiroso, es un soberbio imprevisible, porque nunca sabes cuándo va a ponerse de rodillas ante un secesionista catalán, o va a inclinar la cerviz ante un torturador de ETA, reconstruido, o le va a hacer la pelota al rey de Marruecos para agradecerle lo entretenidos que están en Ceuta.
El fondo soberano de Noruega (Government Pension Fund Global), dependiente del Banco central noruego, es el mayor fondo estatal del mundo y supera el equivalente a 1,8 billones de euros de inversión.
Difícil escribir en estas horas en Eclipsolandia sin citar la palabra 'eclipse'. No solo por la revolución turística y social que está llenando la mal llamada España vaciada de gentes deseosas de ver el fenómeno astral de sus vidas, sino porque, qué quiere que le diga, el nuestro es también metafóricamente el país de las ocultaciones del sol de la verdad.
Algo no encaja en el modelo energético del Gobierno. España produce cada vez más electricidad, especialmente de origen renovable, pero no se traduce necesariamente en una factura más barata para los consumidores.
Por fin, desde su despacho veraniego en La Mareta, Pedro Sánchez ha podido enviar una fotografía a los medios dialogando telemáticamente con varios ministros, más o menos implicados en la gestión de la enorme crisis desatada por la invasión de decenas de miles marroquíes arribados a nado a la costa de Ceuta.
España es país de exageraciones. Ahora, por ejemplo, con el eclipse, que está batiendo récords de reservas hoteleras para contemplar un fenómeno de minuto y medio; pero viva el jolgorio, y no seré yo quien censure las ganas de vivir de la gente, de escapar de la rutina.
Hasta hace poco, las mafias que operan en el norte de África, cobraban entre 2.500 y 6.000 euros por dejar a una persona en las costas españolas. Depende del recorrido, o si en el servicio se incluye falsificación de documentos.
Diga lo que diga la FIFA -que no merece mucho crédito, la verdad--, yo sí creo que Infantino, ese enemigo de España y amigo, por tanto, de Trump, anda zascandileando con Marruecos para que sea el país norteafricano el que acoja la final del Campeonato Mundial de Futbol de 2030.
El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, hace alarde de que los Servicios de Inteligencia españoles, y más en concreto el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), no emitieron ningún aviso de la invasión que se estaba preparando en la frontera de España con Marruecos.
El Gobierno ha vuelto a sacar pecho de los datos de empleo, pero basta con rascar la superficie para comprobar que el relato oficial cada vez se sostiene con mayor dificultad. Julio, tradicionalmente uno de los mejores meses para el mercado laboral gracias a la campaña turística, ha dejado un dato especialmente preocupante: el paro aumentó en más de 19.500 personas, el peor registro para este mes de toda la serie histórica.
Al fin el Gobierno toma medidas tras la crisis provocada en Ceuta por la imprevisión oficial: mientras tres ministerios se pelean achacándose (i) responsabilidades, mientras Europa nos contempla atónita ante una crisis migratoria que es una crisis de Estado en toda regla, el Ejecutivo, resueltamente, va y cesa.
Hoy cumplo años. Demasiados. Jamás creí que vería las cosas que estoy viendo, escuchar lo que estoy escuchando. Lo que estamos viviendo en los últimos años, en los últimos meses, supera con creces los espectáculos más inimaginables: las llamas devorando el país, miles de jóvenes corriendo incontrolados por las calles de Ceuta y un presidente que, cual Nerón en Roma, toca la lira en La Mareta, Canarias, que esa es otra.
MADRID 2 Ago.
La invasión de Ceuta no se ha solucionado por la acción del Gobierno español sino por la comprobación por parte de los invasores de que los habían engañado y que allí no había nada que rascar.
MADRID 2 Ago.
Cuando, como ha ocurrido en el caso de Ceuta, nos vemos abocados a una grave crisis del Estado, es cuando tomamos nuevamente conciencia de que España carece de una legislación que defienda eficazmente a ese Estado, de la misma manera que carece de una regulación suficiente sobre el papel que puede y debe desempeñar el Rey.
MADRID 1 Ago.
Ha sido, lo decía el gran titular de un importante periódico español, "una agresión inédita a España". Si lees atentamente el espíritu, además de la letra, de los medios nacionales y, ay, de muchos internacionales, hemos estado ante una demostración palpable de la impotencia de un Estado.
Mal pinta la crisis de Ceuta si quien visualiza la presencia del Estado es el todavía presidente del Gobierno. Véase el televisado recibimiento a Pedro Sánchez en esa ciudad autónoma.
Algo más que una frontera.
Los elementos están en contra: del fuego ya ni hablo, porque mucho lo hemos hecho, sobre las imprevisiones, las administraciones descoordenadas y la falta de presupuestos adecuados. Por el agua nos llega una auténtica avalancha de gente, de pobre gente, que se juega la vida instigada por un rey déspota y medieval, pero gracias, sin duda, a la falta de previsión de nuestras autoridades.
Debemos reconocer que los enormes esfuerzos de Pedro I, El Mentiroso, por normalizar Cataluña, están dando resultados espectaculares, y desde las mentiras, necesarias, ha llegado a los indultos, incomprensibles para comprender la grandeza de Pedro Sánchez por todos aquellos ciudadanos que no entienden los esfuerzos de este hombre que, sin duda, pasará a la Historia.
Me dice mi IA que el último eclipse total de sol se produjo en 1905, también, como el próximo, en agosto. Debe ser buen mes para los eclipses, aunque yo ahora hablo sobre toto metafóricamente: buen mes para conspirar desde el retiro veraniego, para urdir desde los poderes nuevas forma de eclipsar la realidad a base de opacidades, medias verdades y mentiras completas que se pondrán en práctica en septiembre.
Hablan los memorialistas del franquismo de cuando se compraban voces amigas para colar en las soflamas del caudillo el grito de "¡gracias a ti!". Así llenaban las pausas valorativas en los discursos dedicados por el general a los logros del régimen en favor del pueblo: ¡¡Gracias a ti!, ¡gracias a ti!!
El presidente del Gobierno, tras la tradicional visita al Rey en Palma de Mallorca, se va de vacaciones, unas largas vacaciones en un palacio que pagamos los españoles. Sin prisa por volver.
Y ahora ¿qué? Ahora, las vacaciones oficiales en medio de la desolación de los retornados (los que ya han podido hacerlo) a sus hogares más o menos devastados. Página pasada: si se mira un poco atentamente, daría la impresión de que nada ha sucedido o está sucediendo, de que vivimos en el mejor de los mundos, de que las penas de algunos (decenas de miles) son casi pretéritas, más que presentes o incluso futuras.
El presidente del Gobierno compareció este martes para hacer balance del año bajo un lema optimista: "Cumpliendo". La pregunta, sin embargo, resulta inevitable: ¿cumpliendo con qué? Porque una cosa es el relato y otra muy distinta la realidad que perciben millones de españoles.
"Cuando el monte se quema, algo suyo se quema". Fue un popular eslogan institucional de los últimos sesenta y primeros setenta del siglo pasado, cuando los primeros incendios forestales -nada que ver con lo de ahora- saltaron a los telediarios con todo lujo de detalles sobre movilizaciones populares, pueblo a pueblo, a golpe de campana, calderos de agua que iban y venían de mano en mano, con la Guardia Civil del puesto más cercano dirigiendo el operativo, campesinos apaleando con ramas verdes las llamas que se iban aproximando al pueblo. Y en ese plan.