
Hoy cumplo años. Demasiados. Jamás creí que vería las cosas que estoy viendo, escuchar lo que estoy escuchando. Lo que estamos viviendo en los últimos años, en los últimos meses, supera con creces los espectáculos más inimaginables: las llamas devorando el país, miles de jóvenes corriendo incontrolados por las calles de Ceuta y un presidente que, cual Nerón en Roma, toca la lira en La Mareta, Canarias, que esa es otra.
Supongo que el día en el que cumples años es jornada propicia para la meditación sobre lo que has hecho y has dejado de hacer en una vida profesionalmente plena y, sin embargo, llena de frustraciones: no has llegado a cambiar el mundo a mejor en la humilde medida de tus fuerzas. Ahora descubres el edadismo, que es una forma de odio como el racismo o el sexismo, pero te niegas a tirar la toalla. ¿Cómo tirarla un periodista cuando se es testigo de cosas tan inéditas, lo cual no quiere decir necesariamente positivas? ¿Cómo abandonar cuando hay tanto que gritar, aunque nadie te oiga?
Jamás creí que la democracia pudiese desvirtuarse tanto a base de ocultaciones, mentiras, errores, egoísmos. He aprendido a no confiar en quienes dicen trabajar constantemente por nuestro bien, y mi desconfianza nace de la constatación de que tal vez trabajen por nosotros, pero, desde luego, lo hacen sin nosotros, y por algo será. Mis representantes han merecido de sobra esta falta de confianza, algún libro que he escrito con muy poco amor hacia ellos, y bien caro que a veces te cuesta este tipo de 'machadas'. Protestar no está, decididamente, de moda.
Buen día el de hoy también para pensar en el futuro, en ese futuro que se te va a acortando. La curiosidad del periodista necesita indagar en lo que ocurrirá mañana, pasado, porque ni nos lo explican ni tienen el menor interés en hacerlo: la opacidad es más rentable para ellos, y la tergiversación es su bandera. ¿Cómo es posible que el máximo hacedor de esta política salga a los medios a vanagloriarse de lo bien que lo hace, cuando la catástrofe es más que evidente? Y los demás, chitón.
No, no me retiro, porque quiero ver lo que viene. Tal vez, confío, llegaré a atisbar un cambio sustancial en esta política emponzoñada. Sé, porque lo comprobé hace años, que otra cosa, menos perversa, es posible. Quizá llegue a contemplar el fin de este espectáculo increíble que tiene perplejos a todos cuantos hablo.
Dicen que los periodistas empezamos a hablar y escribir en tercera persona, seguimos en segunda y acabamos en primera, en el yo. Hoy, como es mi cumpleaños, lo exigía el guion. Pero ¿cree usted de veras que en esta crónica estaba hablando de mí mismo? Más bien, hablo de otra cosa, y me aplico el cuento.
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