La única salida: "reflexión" y elecciones

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MADRID 2 Ago.

La invasión de Ceuta no se ha solucionado por la acción del Gobierno español sino por la comprobación por parte de los invasores de que los habían engañado y que allí no había nada que rascar. Se fueron como llegaron, pero Marruecos ha comprobado que invadir Ceuta es mucho más sencillo incluso de lo que pensaban y que España no se puede defender y no cuenta con apoyos firmes, ni siquiera en Europa. Vivir en Ceuta -una ciudad modélica en la integración y la tolerancia- es, desde esta semana, vivir bajo una gravísima amenaza y sin el apoyo explícito del Gobierno. Alguien ha escrito editorialmente que "la rapidez en la resolución es la mejor noticia". Pero sin que el Gobierno se pueda apuntar el tanto. La peor es la imprevisión, la incompetencia, la falta de información por parte de nuestros servicios de inteligencia, la tardanza en reaccionar, la falta de medios o su pésima utilización, la dejación de funciones, la vulnerabilidad de nuestras fronteras, la irresponsabilidad de un Gobierno que ni se enteró, ni supo responder con rapidez, que ignoró al Parlamento y que culpó arteramente al Tribunal Supremo y exoneró a Marruecos de toda responsabilidad. Lo del Supremo es una falacia porque la responsabilidad es del Legislativo -otra ley mal hecha y no rectificada- y lo de Marruecos sólo se puede explicar por lo que el país vecino puede saber del presidente Sánchez.

Hay un dato que demuestra qué Gobierno tenemos: mientras el Rey de España manifiesta públicamente su indignación, reclama que el Estado asuma sus responsabilidades, garantice la seguridad de las fronteras, evite ataques a la soberanía nacional y tome medidas para evitar que una invasión como ésta se repita, el presidente se ha ido de vacaciones, cinco semanas, tras dejarnos una playlist de su "banda sonora para el verano". Pasó por Ceuta de tapadillo y ahora descansa. Mientras Marruecos alentaba, toleraba o miraba para otro lado la invasión de 60.000 de sus ciudadanos -condenados a la pobreza y a la falta de trabajo y oportunidades por un régimen dictatorial- el ministro Marlaska y otros miembros del Gobierno asistían en la Embajada marroquí a la conmemoración del 27 aniversario de la fiesta del Trono de Mohamed VI. Marruecos no es un socio fiable, no lo ha sido nunca y casi siempre ha vivido del chantaje a España. Desde mucho antes de la marcha verde, ha venido chantajeando a España con la pesca, luego con la inmigración "enviada", con el Sahara y, por supuesto, con la "recuperación" -nunca fueron suyas- de Ceuta, Melilla y las Canarias. Ahora, además, cuenta con el apoyo de Estados Unidos y de Israel por los desaires de este Gobierno. Los casi cien muertos de esta invasión también cargan en la conciencia de Marruecos.

La política exterior de España hoy inexistente tiene como enemigos a Estados Unidos y a Israel, también a Marruecos, con Argelia hemos tenido que rectificar, en Europa no se fía nadie de Sánchez y no cuentan con España para nada importante y de Hispanoamérica hemos desaparecido y recibimos desprecios intolerables.

Con ese panorama, sólo queda una salida: disolver las Cámaras cuanto antes y convocar elecciones. Si el presidente se tomó hace un tiempo cinco días para reflexionar, ahora tiene todo un mes. Tanto él como su Gobierno saben que no hay más recorrido y que sostenerse en la debilidad y en el chantaje de sus socios y en el rechazo internacional sólo puede conducir a peor. Enrocarse en la ineptitud es una condena para el presente y el futuro del país. Si todavía queda una mínima responsabilidad en Sánchez y en el PSOE, algún mínimo sentido de Estado, la única salida es presentar la dimisión, que el PSOE busque un candidato capaz de regenerar el partido y la política y dejar que los ciudadanos decidan.


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