El papel del Rey en esta crisis de Estado

El papel del Rey en esta crisis de Estado

Sigue a MadridActual en Google
Añadir a mis fuentes favoritas

MADRID 2 Ago.

Cuando, como ha ocurrido en el caso de Ceuta, nos vemos abocados a una grave crisis del Estado, es cuando tomamos nuevamente conciencia de que España carece de una legislación que defienda eficazmente a ese Estado, de la misma manera que carece de una regulación suficiente sobre el papel que puede y debe desempeñar el Rey. Así, Don Felipe se ha visto de hecho relegado a un rol casi de mero observador ante los gravísimos acontecimiento que, entre el fuego, el agua y el 'primo' marroquí, han asolado la conciencia y el territorio del país. Hasta que el monarca estalló: "el Estado (o sea, el Gobierno en este caso) debe velar por su seguridad y por evitar que estos hechos vuelvan a repetirse". Y ahora ¿qué?

La verdad es que Pedro Sánchez, el hombre que hace una semana nos decía que España marchaba viento en popa, siendo la envidia de esa Europa que hoy, por cierto, tanto nos reprocha, ha actuado como quien oye llover tras la advertencia real. Hemos pasado de las decenas de miles de desalojados por unos incendios que podrían haberse gestionado mucho mejor, a las decenas de miles de jóvenes marroquíes provocando en la costa ceutí unas imágenes que solo creíamos que íbamos a ver en las películas. Y obligando al Ministerio de Interior a una confesión patética: estábamos tan sumergidos en la lucha contra el fuego que no pudimos prever -y mira que era previsible- lo que podría ocurrir en Ceuta. Ni en ninguna otra parte, añadiría yo.

¿Y Sánchez? Sánchez haciendo lo increíble: reprochando a los socios europeos su "incomprensión" y su "egoísmo" ante las críticas a su Gobierno en esta crisis migratoria y, a la vez, apoyando al verdadero culpable, es decir, Marruecos, que sin duda ha sido el inductor de esta nueva 'marcha verde', que ha sido una marcha acuática que ha puesto en solfa, en ridículo y en peligro al Reino de España.

Sánchez, anclado en el entusiasmo por su propia gestión, como demostró sobradamente en su comparecencia desmedidamente triunfalista ante los medios la pasada semana, no es capaz de provocar los cambios en profundidad necesarios para tranquilizar a la población: ni un relevo en Interior, ni en Exteriores, ni un movimiento en su Gobierno, ni una llamada a la oposición, ni un gesto de realismo internacional. Y, hasta donde me llega, ni un intento de 'utilizar' la prestigiosa figura del Rey para que este, visitando Ceuta y Melilla, tranquilice ánimos e imponga la presencia del Estado en unos territorios obviamente amenazados. ¿Cómo es posible que el Rey no haya pisado Ceuta en estos momentos? ¿Ha hablado Felipe VI con su 'pariente' el monarca alauita?

El comunicado emitido por La Zarzuela el pasado sábado es todo un aviso de que el Rey no se resigna, y creo que hace bien, al papel pasivo que le permite el Gobierno y que le sugiere una Constitución que habría de reformarse para precisar y ampliar el papel del jefe del Estado precisamente para la mejor defensa de ese Estado. Confinar a Felipe VI en Marivent en estas circunstancias es, sencillamente, un despropósito. Uno más de los muchos despropósitos que, atónitos, estamos contemplando en el mundo, en Europa y, claro, en esta España nuestra.


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.

Comentarios (0)

Sé el primero en comentar esta noticia.

Escribe un comentario

Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.