Sinceramente cuesta escribir de política en estos tiempos. Me gustaría hablar bien de este Gobierno porque es el mío y porque si hiciera las cosas bien a todos nos iría mejor. Pero es que a un escándalo le sigue otro y el siguiente tapa al anterior y cada vez que hay una catástrofe no sólo se reacciona tarde sino que meses después ni se han dado las explicaciones básicas ni se han asumido responsabilidades.
La cosa se prestaría a la demagogia periodística si no fuese, en sí, una comparación tan evidente. Las vacaciones del presidente, tan justamente criticadas -tiene derecho a ellas, no así ni ahora--, y la situación de los policías enviados como refuerzo a la ciudad, que han de mantener un orden casi imposible en Ceuta, por ejemplo.
El Gobierno ha decidido aplazar hasta 2030 el cierre de la central nuclear de Almaraz. Una decisión que llega con nocturnidad, con opacidad y, sobre todo, con una evidente sensación de provisionalidad.
Claro que no diré yo que estamos a punto de caer en un Estado fallido ni ninguna de esas afirmaciones, tan catastrofistas, casi tan guerracivilistas, con las que nos zaherimos ocasionalmente los habitantes de una de las dos Españas, o de las dos.
El presidente de Melilla ha dicho que "España ha hecho el ridículo. Tenemos un Gobierno fallido". Se equivoca, España ha demostrado al mundo que es un Estado fallido provocado por un Gobierno que tiene un presidente incapaz de hacer frente a los problemas e, incluso, de suspender sus vacaciones ante una invasión organizada de su territorio.
Siempre he pensado que el mejor ingrediente para el periodista es la curiosidad. Tratar de indagar, con los datos disponibles en el presente y con la experiencia acumulada en el pasado, sobre el futuro.
El desencuentro, a cuenta de la prórroga de la vida de la central nuclear de Almaraz, entre el PSOE y su coaligado Sumar es quizá el enésimo choque de trenes entre ambos, pero esta vez el tema de fondo es acaso el más importante: ¿qué política energética seguir en unos tiempos en los que la energía constituye un motivo mundial de angustia, una clave esencial de futuro?
Si yo fuera ceutí, y contemplara que mi pequeño comercio se está quedando sin clientes, en unas ocasiones por mi miedo, que me impele a no abrir la tienda y, en otras, por el miedo de los clientes, que no se atreven a salir a la calle.
Adolfo Suárez, con quien tuve la suerte de mantener bastantes conversaciones, me dijo una vez una frase que nunca olvidaré: "¡qué fácil es gobernar a los españoles!; lo aceptan todo, aunque, eso sí, hasta que se les dispara algún muelle y entonces se puede llegar hasta a la guerra civil".
Son malos tiempos para la polìtica. O, dicho de otra manera, con los políticos que tenemos son malos tiempos para los ciudadanos. No hablo solo de España. ¿Dónde están los líderes europeos de altura, capaces de encontrar una respuesta inteligente para los desafíos que provocan las nuevas realidades de Estados Unidos, China y Rusia?
"Esto sí que es un eclipse, mucho más que el del cielo". Me lo comentaba un senador amigo, refiriéndose a la pugna en auge entre el Senado, el Congreso y el Ejecutivo a cuenta de en cuál de las dos Cámaras legislativas deben comparecer primero los ministros directamente involucrados en la crisis de Estado que supuso la 'invasión' de Ceuta.
Pedro I, El Mentiroso, es un soberbio imprevisible, porque nunca sabes cuándo va a ponerse de rodillas ante un secesionista catalán, o va a inclinar la cerviz ante un torturador de ETA, reconstruido, o le va a hacer la pelota al rey de Marruecos para agradecerle lo entretenidos que están en Ceuta.
El fondo soberano de Noruega (Government Pension Fund Global), dependiente del Banco central noruego, es el mayor fondo estatal del mundo y supera el equivalente a 1,8 billones de euros de inversión.
Difícil escribir en estas horas en Eclipsolandia sin citar la palabra 'eclipse'. No solo por la revolución turística y social que está llenando la mal llamada España vaciada de gentes deseosas de ver el fenómeno astral de sus vidas, sino porque, qué quiere que le diga, el nuestro es también metafóricamente el país de las ocultaciones del sol de la verdad.
Algo no encaja en el modelo energético del Gobierno. España produce cada vez más electricidad, especialmente de origen renovable, pero no se traduce necesariamente en una factura más barata para los consumidores.
Por fin, desde su despacho veraniego en La Mareta, Pedro Sánchez ha podido enviar una fotografía a los medios dialogando telemáticamente con varios ministros, más o menos implicados en la gestión de la enorme crisis desatada por la invasión de decenas de miles marroquíes arribados a nado a la costa de Ceuta.
España es país de exageraciones. Ahora, por ejemplo, con el eclipse, que está batiendo récords de reservas hoteleras para contemplar un fenómeno de minuto y medio; pero viva el jolgorio, y no seré yo quien censure las ganas de vivir de la gente, de escapar de la rutina.
Hasta hace poco, las mafias que operan en el norte de África, cobraban entre 2.500 y 6.000 euros por dejar a una persona en las costas españolas. Depende del recorrido, o si en el servicio se incluye falsificación de documentos.
Diga lo que diga la FIFA -que no merece mucho crédito, la verdad--, yo sí creo que Infantino, ese enemigo de España y amigo, por tanto, de Trump, anda zascandileando con Marruecos para que sea el país norteafricano el que acoja la final del Campeonato Mundial de Futbol de 2030.
El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, hace alarde de que los Servicios de Inteligencia españoles, y más en concreto el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), no emitieron ningún aviso de la invasión que se estaba preparando en la frontera de España con Marruecos.
El Gobierno ha vuelto a sacar pecho de los datos de empleo, pero basta con rascar la superficie para comprobar que el relato oficial cada vez se sostiene con mayor dificultad. Julio, tradicionalmente uno de los mejores meses para el mercado laboral gracias a la campaña turística, ha dejado un dato especialmente preocupante: el paro aumentó en más de 19.500 personas, el peor registro para este mes de toda la serie histórica.
Al fin el Gobierno toma medidas tras la crisis provocada en Ceuta por la imprevisión oficial: mientras tres ministerios se pelean achacándose (i) responsabilidades, mientras Europa nos contempla atónita ante una crisis migratoria que es una crisis de Estado en toda regla, el Ejecutivo, resueltamente, va y cesa.
Hoy cumplo años. Demasiados. Jamás creí que vería las cosas que estoy viendo, escuchar lo que estoy escuchando. Lo que estamos viviendo en los últimos años, en los últimos meses, supera con creces los espectáculos más inimaginables: las llamas devorando el país, miles de jóvenes corriendo incontrolados por las calles de Ceuta y un presidente que, cual Nerón en Roma, toca la lira en La Mareta, Canarias, que esa es otra.
MADRID 2 Ago.
La invasión de Ceuta no se ha solucionado por la acción del Gobierno español sino por la comprobación por parte de los invasores de que los habían engañado y que allí no había nada que rascar.