El presidente Sánchez ha comparecido en público no para hablar del 'caso Zapatero', ni de cómo afectan a España las amenazas de Trump contra el país hermano Cuba, ni para referirse a tantos otros temas candentes que a tanta gente enfadan o angustian.
El enviado especial de ERC en Madrid puso en circulación un endiablado dilema: "Si lo que dice el auto de imputación de Zapatero es verdad, es una mierda; y si es mentira, una mierda peor". Lo llamo "El dilema de Rufián".
A medida que se analiza el auto del procesamiento del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero la inicial impresión de desconcierto se transforma en indignación. El sentimiento que apareja la sensación de haber sido estafados por quien oficiaba ante la sociedad como guía de decencia y altruismo.
Pertenezco a una generación en la que los padres insistían mucho en las conductas correctas, y nos aseguraban que, si nos sacrificábamos en el estudio y en nuestra formación, la sociedad nos recompensaría con trabajos adecuados a nuestras aptitudes, y reconocería nuestro esfuerzo.
España sigue gozando de prestigio: lo comprobé hace unos días en un encuentro con varios periodistas europeos en París y lo reitero ahora en Panamá, donde me encuentro como jurado de un premio internacional de periodismo.
Julio Martínez Martínez, "el lacayo de Zapatero", como alguien le nombra en una de las conversaciones intervenidas judicialmente, ha hecho unas declaraciones para enmarcar en el museo del esperpento.
Aunque los indicios son importantes, no sabemos si Zapatero será juzgado y, en ese caso, condenado o absuelto. Tiene derecho a la presunción de inocencia. Tenemos, sobre todo, que dejar actuar a la justicia con absoluta independencia, aunque los que defienden a muerte al expresidente del Gobierno y los que ya le han condenado siguen intentando no sólo coaccionar a los jueces sino "imponerles" lo que tienen que hacer.
Vaya por delante que le ampara la presunción de inocencia, pero la contundencia de los indicios probatorios que han llevado al juez de la Audiencia Nacional en el sumario abierto al ex presidente Rodríguez Zapatero resulta abrumadora.
La batalla judicial entre la cantante colombiana Shakira y la Agencia Tributaria ha dado un giro de enorme trascendencia tras la sentencia de la Audiencia Nacional que anula las liquidaciones y sanciones impuestas por el ejercicio fiscal de 2011.
"Los Pujol saqueaban las arcas mientras Cataluña decía: Espanya ens roba". Pero no era España, eran los Pujol quienes nos robaban. Hay frases que resumen toda un época y en este caso su descarnada inmoralidad.
A raíz de las interpretaciones que he leído sobre el resultado de las elecciones andaluzas, parece que hay ideologías políticas extremas, que se pueden observar con sosiego, e inquietantes ideologías extremas altamente peligrosas.
"Si concentramos el voto en el PP, estaremos señalando la puerta de salida a Sánchez", decía Juanma Moreno en el tramo final de la campaña. Esa relación causal no le ha funcionado del todo al ganador de las elecciones andaluzas.
El Partido Popular fue el claro ganador de las elecciones andaluzas doblando en votos al PSOE. Pero aunque consiguió más votos se le escapó la mayoría absoluta y esa circunstancia convierte su triunfo en una victoria amarga.
Ya sé, ya sé que no faltará quien, al leer el titular de este comentario, me 'acusará', cuando menos, de ser simpatizante y propagandista del Partido Popular. Y claro que no: como mucho, soy partidario del sentido común, y por ello proclamo que quien se ha quedado a dos escaños de la mayoría absoluta, pero tan por delante de sus competidores, merece tener la oportunidad de ejercer la gobernación, como la ha ejercido hasta ahora y acentuando si cabe la voluntad de pactos y de diálogo con las fuerzas a su derecha y a su izquierda.
Pase lo que pase en Andalucía -escribo mientras los andaluces acuden a las urnas- ésta no será una abultada derrota de María Jesús Montero. Será una nueva derrota de Pedro Sánchez.
La gestión de los fondos europeos por parte del Gobierno español ha dejado de ser una cuestión técnica para convertirse en un problema político de primera magnitud. Lo que nació como una oportunidad histórica para modernizar la economía tras la pandemia amenaza ahora con convertirse en un ejemplo de opacidad, improvisación y falta de control.
El triunfo electoral de Juanma Moreno Bonilla, que presumiblemente será el único 'barón' del Partido Popular que no necesite a Vox para gobernar, pone el foco en el presidente y próximo presidente de la Junta andaluza ante un posible salto del terreno autonómico a la cancha nacional.
El domingo en Andalucía abocamos al último de los comicios autonómicos previos a las elecciones legislativas que en principio no se esperan hasta dentro de un año. Esa es la intención anunciada por Pedro Sánchez en diversas ocasiones.
Lo siento de veras. Pero es que resulta que, en mi opinión, sería erróneo afirmar que nada importa a los restantes españoles, en general, lo que ocurra el domingo en las elecciones andaluzas, como sería un dislate proclamar (y a fe mía que hay quien lo hace aquí, en la Corte desde la que escribo) que nada importa al resto de los españoles lo que ocurra en la política andaluza.
En el fondo, casi todos tenemos un chismoso agazapado, que se excita ante el chismorreo. El chismorreo, además, no necesita de grandes conocimientos científicos o culturales, y puede atraer al camarero de la taberna del pueblo, o al investigador científico que, de repente, recibe noticias de que la becaria de un colega ha sido la causa de la tramitación de su cercano divorcio.
No se habla de otra cosa, como diría Anson. La rueda de prensa celebrada el lunes pasado por Florentino Pérez escandaliza por doquier. El volquete de adjetivos deja al presidente del Real Madrid a los pies de los caballos: hilarante y delirante, populista y personalista, chulo, matón... y en ese plan.
¿Quién asesoró o con quién preparó María Jesús Montero el debate electoral en el que afirmó que la muerte de dos guardias civiles que perseguían a narcotraficantes había sido "un accidente laboral"?
Hay períodos en los que el despropósito, el disparate, se convierten en distintivo principal de un país, muy concretamente de esta nuestra España, que es la nación que mejor conozco. Escribo, lo admito, bajo la influencia de una rueda de prensa del presidente del Real Madrid que ha sido, sin duda, el mayor de los desaciertos de alguien que ya no andaba muy acertado, aunque sí siempre bastante prepotente: a ver quién tiene lo que hay que tener para negarle algo a Don Florentino.
A medida que hemos ido conociendo más detalles acerca de la muerte de dos agentes de la Guardia Civil que perseguían a una narcolancha a unas ochenta millas de la costa de Huelva, crece la indignación doblada de perplejidad.