España, tierra del despropósito

España, tierra del despropósito

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Hay períodos en los que el despropósito, el disparate, se convierten en distintivo principal de un país, muy concretamente de esta nuestra España, que es la nación que mejor conozco. Escribo, lo admito, bajo la influencia de una rueda de prensa del presidente del Real Madrid que ha sido, sin duda, el mayor de los desaciertos de alguien que ya no andaba muy acertado, aunque sí siempre bastante prepotente: a ver quién tiene lo que hay que tener para negarle algo a Don Florentino.

Pero, para no hurgar demasiado en la misma herida, reconozca usted conmigo que tampoco ha estado del todo mal el tiro en el propio pie de doña María Jesús Montero al considerar un 'accidente laboral' la muerte en acto de servicio de dos guardias civiles. O la ausencia del ministro del Interior en el funeral por esos dos agentes de la Benemérita. O, ya que estamos...

Ya que estamos podríamos citar también el desaguisado total de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, reivindicando la hazaña colonial española precisamente en México, donde todo el mundo sabe que la sensibilidad en torno a ese tema es un punto de fricción delicadísimo. O le podría hablar a usted de las reacciones desmesuradas del presidente canario, Fernando Clavijo, ante la llegada del 'buque infeccioso' a Tenerife. O...

Nunca me cansaré de repetir que España es un gran país, aunque no estuy muy seguro de que esté del todo bien conducido por unos o/y por otros. Me dirá usted que lo de Florentino es algo que atañe solamente al ámbito deportivo (yo le respondería a usted que en el palco del Real Madrid se habla de otras cosas además de futbol). O me dirá que el de la señora Montero (María Jesús, en este caso; hay otras despropositadas con ese mismo apellido) es una salida de tono ya habitual en ella, pero lo cierto es que puede que algún escaño más en las elecciones del domingo se deje gracias a este 'patinazo'. ¿Y lo de Ayuso? Otro 'patinazo' que ha dejado a los pies de los caballos los esfuerzos del mismísimo Rey por congraciarse de nuevo con la mexicana Sheinbaum, otra desatinada de tomo y lomo, aunque ahora hablar de ella, como diría Jordi Pujol -otro dislate viviente-"no toca".

Así, entre futboleros, toreros, politiqueros, justicieros --¿le hablo del juez Peinado? ¿O de la propia Begoña Gómez, dos disparates distintos pero no tan distantes?-- y Zapatero --tampoco toca hablar de él hoy, aunque bien lo merecería en esta antología del esperpento--, nos está quedando un país bien, ejem, divertido. Lástima que, con tanta distracción en este peculiar circo romano, donde tampoco faltan ni el pan ni los bares, ni los Vitos ni las 'influencers' que tantas tonterías dicen en televisión, estamos olvidando la consolidación de la nación moderna, democrática y racional que nos merecemos. O que nos merecíamos antes de que el desvarío se instalase en esta nuestra Koldolandia.


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