Pero ¿qué nos importan a los demás las elecciones andaluzas?

Pero ¿qué nos importan a los demás las elecciones andaluzas?

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Lo siento de veras. Pero es que resulta que, en mi opinión, sería erróneo afirmar que nada importa a los restantes españoles, en general, lo que ocurra el domingo en las elecciones andaluzas, como sería un dislate proclamar (y a fe mía que hay quien lo hace aquí, en la Corte desde la que escribo) que nada importa al resto de los españoles lo que ocurra en la política andaluza. Sería como decir que nada importa a los no madrileños lo que ocurra con el Real Madrid. Pues claro que existen relaciones, y no pocas, entre unas cosas y otras: ¿o es que la desdichada rueda de prensa de Florentino no ha sido uno de los temas más comentados en las páginas de los periódicos de toda España? Pues eso.

He estado algunos días en diversas ciudades andaluzas tratando de animarme para escribir sobre una campaña átona, que, la verdad, ni a los propios andaluces apasionaba; ninguna idea nueva y resultado perfectamente previsible: el 'popular' Moreno Bonilla revalida su mandato y la candidata socialista, María Jesús Montero, ex responsable de la Hacienda pública y de unas cuantas cosas más, se hunde. Esto era todo, o casi, con las peculiaridades de rigor referentes a las formaciones 'menores'.

Pero, curiosamente, el tema más polémico surgido en los debates entre los candidatos se ha centrado precisamente en una cuestión fuera de la problemática estrictamente andaluza: que si la señora Montero daba excesivos 'privilegios' a los catalanes en la recaudación y la gestión de los impuestos, que si la gestión del Gobierno central en el que ella era la 'número dos' tras Pedro Sánchez era discriminatoria entre Cataluña y Andalucía (en beneficio, claro, de la primera), que si la ausencia de Presupuestos beneficia más a otros que a los andaluces...

La verdad es que ya resulta muy difícil que una Comunidad, cualquiera que sea su signo político, se desentienda por completo de la problemática nacional, sea en los temas económicos, sanitarios, educativos o incluso relacionados con la vivienda. Nadie puede ya considerarse 'a salvo' en una isla ni sería, a mi entender, conveniente. Viajero frecuente como soy por casi todas las Comunidades españolas, constato que, pese a todo, resulta cada día más difícil desligar las políticas autonómicas -incluyo muy especialmente a Cataluña- de las nacionales. Querámoslo o no, hay una interdependencia difícilmente superable, se tenga la ideología que se tenga, respecto a la complicada 'cuestión territorial' española. Entre otras cuestiones, por supuesto.

No quiero, obviamente, meterme en jardines de los que luego me sería difícil salir: reconozco el derecho de los independentistas a serlo y soy partidario de un referéndum, aunque solo tuviese carácter consultivo, de autodeterminación, en el cual yo tendría mi opción de voto muy clara. Pero yo ahora estoy hablando de la casuística de la gestión diaria de un país. Y creo que conviene que esa gestión se realice ahora, en tiempos de crisis mundial --¿o es que tampoco nos afectan nada los dislates de Trump, pongamos por caso?--, mediante un consenso en los temas clave, como la organización de una financiación territorial coherente, sin presiones y pactada por todos. O como la política exterior o el estado de bienestar, emigración incluida.

Comprenderá usted que mucho nos jugamos, en Madrid y en Barcelona, de que quienes ganen en Andalucía sean unos, otros, o de las combinaciones que puedan hacerse entre unos y otros. Al fin y al cabo, se trata de unas primarias 'de facto' y con las cosas de comer no se juega. Y algún partido extremista anda por ahí al que sí le gusta jugar con las cosas de comer. Y de lo de Florentino ya ni hablamos, claro. Yo en esto también tengo muy claro mi voto, aunque no sea madridista.


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