Vaya por delante que le ampara la presunción de inocencia, pero la contundencia de los indicios probatorios que han llevado al juez de la Audiencia Nacional en el sumario abierto al ex presidente Rodríguez Zapatero resulta abrumadora.
Al igual que los delitos que le imputan: organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo de capitales y falsedad documental como presunto líder de "una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias". El enunciado de las acusaciones unido a la identidad del imputado como presidente que fue del Gobierno de España genera estupor.
A partir de ahora se abren los plazos de la Justicia. El registro del despacho profesional de Zapatero -significativamente ubicado en la acera de enfrente de la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid-, una operación policial prácticamente transmitida en directo por varias emisoras de radio y televisión, le ha prestado al caso una proyección mediática que, lógicamente, a medida que iba trascendiendo abría turno para las declaraciones de políticos. Algunas, desde la portavocía del Partido Socialista para abrir la espita de las insidias vertiendo sospechas de prevaricación y otras de parecido jaez por parte de Sumar, los socios del Gobierno pillados con a contra pie.
Para la oposición (PP) el caso sería expresión, uno más, de la saga de corrupciones del sanchismo, patología -dicen- de la que solo se podrá salir convocando a los ciudadanos a las urnas. Para VOX la ocasión invita a pensar en una moción de censura. Iniciativa que no cuajará por la sencilla razón de qué quienes podrían presentarla: Alberto Núñez Feijóo como cabeza del PP o Santiago Abascal en el caso de Vox, no cuentan con respaldo parlamentario suficiente para que pudiera prosperar como sí lo consiguió Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy. Ahora, ni Sumar, ni los separatistas catalanes de ERC y Junts, ni Bildu ni el PNV estarían por la labor. Unos porque viven de lo que le quede a Sánchez en La Moncla -después de lo sucedido en las elecciones andaluzas ¿a dónde iban a ir Yolanda Díaz y compañía? Y otros, caso del PNV, porque en Vitoria dependen del voto del Partido Socialista.
La imputación de Rodríguez Zapatero, que se venía arriba como mitinero en las campañas del PSOE prodigando los discursos buenistas y el ritual de la ceja, compromete políticamente al PSOE. En alguno de los mítines, el ministro Óscar Puente le presentó como "el mejor Presidente del Gobierno que ha tenido España- Y Pedro Sánchez le defiende amparando insidias contra los jueces. La imputación de un ex presidente del Gobierno por delitos graves que caso de ser probados aparejan penas de prisión daña la imagen de España y es fuente de descrédito de difícil reparación para el Partido Socialista. Sabíamos de la miserable tarea de blanqueo de la dictadura venezolana por parte de Zapatero y el sumario que ahora conocemos le señala como presunto autor de un delito de blanqueo de capitales. Se amplía el círculo de la infamia.
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