España sigue gozando de prestigio: lo comprobé hace unos días en un encuentro con varios periodistas europeos en París y lo reitero ahora en Panamá, donde me encuentro como jurado de un premio internacional de periodismo.
El nuestro es un país admirado por muchos conceptos. Pero lamentablemente esa buena prensa no se extiende ya a la moral pública ni a la política oficial: los casos de corrupción, real o presunta, ocupan las portadas universales y degradan la imagen de nuestro país, que está sufriendo, me parece, un daño irreversible.
El jurado internacional que dirime los premios más importantes del periodismo centroamericano está compuesto, además de por mí mismo, por prestigiosos informadores de México, Argentina, Venezuela (en el exilio), El Salvador (en el exilio), al margen, claro, de los propios profesionales panameños, de los que la directora del más importante periódico del país es presidenta del Foro de Periodistas que otorga los galardones.
La noticia de la imputación de Zapatero ha caído aquí, permítaseme actuar como improvisado corresponsal, como una bomba: Zapatero es figura bien conocida tanto en Venezuela como en Mexico, Panamá o la Republica Dominicana: todas estas naciones consideran a Zapatero como una especie de 'enviado especial de Pedro Sánchez para asuntos delicados'. Incluyendo los 'trabajos de intermediación y lobby' nada menos que ante China, desde luego. Y de alguna manera, la lucha contra la corrupción en España pasa por la lucha contra la corrupción en una mayoría de los países latinoamericanos, donde la influencia española sigue, por tantos motivos, siendo notable.
Que el 'caso Zapatero' haya saltado en paralelo a los juicios por el 'caso Kitchen' contra el PP o el que afecta a notables figuras del PSOE, como Abalos, Koldo y demás, en nada ha beneficiado al aprecio que se sigue teniendo a España y, por cierto, también a la posición de su presidente en su oposición frontal a las políticas de Donald Trump. Por eso mismo digo que el daño puede ser, si no irreversible, sí de una duración e intensidad demasiado largas.
En el caso concreto de América Latina, la cuestión se complica no poco por el hecho de que Madrid quiere ser escenario de la más importante de las 'cumbres' iberoamericanas que celebrarán su trigésimo aniversario en noviembre con el Rey y el Presidente Sánchez. Esta 'cumbre' se ha convertido en uno de los hitos más importantes en la actual y futura política exterior española. Hasta el punto de que el propio Rey hubo de intervenir para allanar las relaciones deterioradas con México. Y Exteriores hubo de forzar una suerte de 'perdón' europeo para que la venezolana Delcy Rodríguez pueda asistir a la 'cumbre' madrileña.
¿Qué ocurrirá si un 'caso Zapatero', suponiendo que exista como tal, comienza a salpicar en países latinoamericanos, como el propio Panamá? He aquí otra dimensión, no desdeñable, de un asunto que puede ser muy pringoso. La 'cumbre' no puede, de ninguna manera, celebrarse bajo la sombra de Zapatero. O de tantos otros casos que nos tienen atónitos, y no solo en nuestras fronteras, ya digo.
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