Extremos buenos, extremos malos

Extremos buenos, extremos malos

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A raíz de las interpretaciones que he leído sobre el resultado de las elecciones andaluzas, parece que hay ideologías políticas extremas, que se pueden observar con sosiego, e inquietantes ideologías extremas altamente peligrosas. Entre estas últimas se encuentra VOX, gran aliado de Pedro I, El Mentiroso, que no se cansa de advertirnos -con pedagógica y permanente dedicación- del grave riesgo que corre España si el PP se apoya en Vox para gobernar, hoy una autonomía y, mañana, ¡quién sabe!, nada menos que El País.

Pedro I, El Mentiroso, alcanzó la presidencia del Gobierno apoyándose en los extremos, sí, pero en los extremistas buenos, esos que no intranquilizan a nadie. Si los extremistas del secesionismo catalán, que organizaron un golpe de Estado -que no se había producido en España, desde 1936- apoyan a Sánchez, no cabe duda de que son un grupo político moderado, del que no debemos tener miedo, aunque de vez en cuando se les escape ese prejuicio que tienen sobre los españoles que son de Murcia, Castilla, Aragón o Extremadura, a los que consideran gente inferior y sin mucha preparación. Si Pedro I, El Mentiroso, requiere el apoyo de un partido dirigido por un torturador, experto en secuestros, y que colaboró con una banda terrorista que causó más de 800 asesinatos, incluyendo niños, será porque el pasado criminal no importa, si el extremista se ha reciclado.

Los españoles, pues, nos encontramos con unos extremistas bondadosos y elegantes, que tienen un pasado donde sufrieron condenas por intentar un golpe de Estado, y por participar con una banda terrorista, y, en el otro lado, unos extremistas que no tienen pasado, pero cuyo futuro se califica de peligroso. Confieso que a mí, Vox, no me entusiasma, y mi talante liberal y mi pasado izquierdoso choca con algunas afirmaciones del señor Ábalos, pero me extraña que, cuando ya casi nos hemos cargado la presunción de inocencia (cuando el sospechoso es un político) ahora parece que estamos a punto de inventar la presunción de culpabilidad, si el partido denominado extremista, no es del extremismo secesionista, ni del extremismo izquierdista, que pretendería nacionalizar hasta los puestos de castañas y los quioscos de helados. Me consta que Pedro I, El Mentiroso, tiene asesores muy inteligentes, pero esta discriminación del peligro es algo así como si el cliente de la puta del quinto, se quejara, en la escalera, del peligro que tiene para la castidad el generoso escote de la vecina del cuarto.


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