Ya sé, ya sé que no faltará quien, al leer el titular de este comentario, me 'acusará', cuando menos, de ser simpatizante y propagandista del Partido Popular. Y claro que no: como mucho, soy partidario del sentido común, y por ello proclamo que quien se ha quedado a dos escaños de la mayoría absoluta, pero tan por delante de sus competidores, merece tener la oportunidad de ejercer la gobernación, como la ha ejercido hasta ahora y acentuando si cabe la voluntad de pactos y de diálogo con las fuerzas a su derecha y a su izquierda.
Este debería ser el programa explícitamente definido por Moreno Bonilla y aceptado por los demás. Solamente el hecho de escribirlo aquí ya me está pareciendo una utopía.
Sin embargo, debería ser algo posible y normalizado: procurar que quien gane gobierne sin mayores cortapisas. Escribo desde Panamá, a donde llegué hace unas horas y consulto el 'caso andaluz' con media docena de colegas de otras tantas nacionalidades latinoamericanas: todos piensan como yo, lo cual me demuestra que no debo de andar tan errado. Y es que una cosa han mostrado (otra vez) la campaña y los resultados de las elecciones andaluzas: que hay que ejercer la política de otra manera. En España y, por cierto, en algunas de las naciones de mis colegas. Sin gritos. Sin histrionismos. Sin amenazas. Con realismo. Y con un propósito constructivo.
Sé que este comentario de nada valdrá, dada la contumacia en el error de nuestras fuerzas políticas, de todas nuestras fuerzas políticas, pero me parece que ni los andaluces ni el resto de los españoles están, estamos, ya para otra buena dosis de más de lo mismo: meses de negociación entre formaciones desiguales (como PP y VOX) para, al final, llegar a acuerdos que casan mal con El Progreso, como un pacto que, llámese como se quiera, es contra la inmigración, tan necesaria.
He escuchado a Vox (al PSOE no es ni necesario escuchárselo) decir que el PP de Moreno Bonilla no recibirá su apoyo gratis para gobernar. No esperaba otra cosa de la formación de Abascal, que mucho y bien me sorprendería variando su criterio. En cuanto al PSOE, bastante habrían de cambiar su talante y su talento para hacer otra cosa diferente a la que María Jesús Montero ( y su jefe, claro) han hecho hasta ahora: el duelo a garrotazos contra el de enfrente sin ahorrar en descalificaciones y a veces también bordeando el insulto.
Nuestras fuerzas políticas, las mayoritarias y las minoritarias, parecen reacias a afrontar una tarea patriótica necesaria: la reforma consensuada de la absurda normativa electoral que tenemos, que en la práctica impide la gobernabilidad sin entregarse a los pactos con cada vez más extraños compañeros de cama. Eso lastra las posibilidades de gobernar haciendo acuerdos, cuando es necesario, a derecha e izquierda, buscando lo mejor de una y otra. Lo mejor para España, claro, no para el propio partido ni para un líder en concreto. ¿Hace falta repetir una vez más algo tan simple?
Qué cansancio, sí, repetirlo una y otra vez, oiga: hay que empezar a ensayar otras formas de hacer política. Revolucionarias. Dar un gran salto. Estas prácticas ya no sirven. ¿No lo notan cuando ven los resultados de las urnas? Pues, si lo nota, entonces no me acuse de simpatizar con el PP, ni con ningún otro, por decirlo de nuevo en un día como hoy: espero, sin esperarlas, decisiones de calado, inéditas, patrióticas. Lo digo pensando en el infierno del Dante: abandonad toda esperanza.
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