Florentino, Trump, Sánchez

Florentino, Trump, Sánchez

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No se habla de otra cosa, como diría Anson. La rueda de prensa celebrada el lunes pasado por Florentino Pérez escandaliza por doquier. El volquete de adjetivos deja al presidente del Real Madrid a los pies de los caballos: hilarante y delirante, populista y personalista, chulo, matón. .. y en ese plan.

Ese modelo de conducta nos resulta familiar a quienes estamos lejos de la información-opinión deportiva y cerca de la información-opinión política. Imposible no haber visto en el espejo de Florentino a personajes muy de moda en la temporada primavera-verano de la política nacional e internacional. Dicho de una vez y por lo corto: Donald Trump en las formas, Pedro Sánchez en el fondo.

Me explico:

Florentino me recuerda al cabestro de la Casa Blanca y sus desinhibidos tics machistas. El que descalifica las preguntas de los periodistas pero se irrita si alguien descalifica sus respuestas. El que arremete contra quienes le lleva la contraria, incluidos jueces, fiscales o mandatarios de otros países, sobre quienes descarga su cólera bélica o arancelaria, según convenga.

Florentino también nos recuerda al Presidente del Gobierno español, aunque Sánchez cuida más las formas: cuando insinúa que hay una conjura de periodistas ("fachosfera") y jueces ("lawfare") para ultimarle o cuando hace dos años quiso extorsionar al pueblo soberano si los jueces insistían en investigar a su esposa, Begoña Gómez.

Después descubrió que sí valía la pena seguir con la carga del cargo, como Florentino. Y entonces se aferró al poder, contra los usos y costumbres del sistema democrático. Nada de anticipar elecciones, aunque ejerza con un Gobierno roto a espaldas del Parlamento. No lo dice a las bravas ("Tendrán que echarme a tiros"), pero en el fondo es lo mismo.

El toque personalista es el más benévolo, aunque igual de tóxico. Me refiero a la enfermiza tendencia de ciertos dirigentes a confundirse con la institución. Florentino Pérez coloniza al Real Madrid, como si sus intereses personales fueran necesariamente los mismos. Y a Pedro Sánchez no se le pasa por la cabeza que la gobernanza pueda quedar en manos de otra persona, otro partido, otro modo de hacer las cosas, según la voluntad de los ciudadanos expresada en las urnas.

Al menos Florentino si convoca a los socios para que se expresen. En cambio, Sánchez sigue comprando tiempo a la espera de mejores tiempos. Ya, pero "¿a qué precio", se pregunta el ex presidente del Senado, Manuel Cruz, en un brillante artículo ("Otra política, por favor").

Desoladora respuesta de mi filósofo de cabecera: "Al precio de poner en juego la calidad de la democracia".


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