Estoy muy de acuerdo con comentaristas que, como José Antonio Zarzalejos, un buen conocedor del mundo de togas y puñetas, dicen que el 'juicio del año', el de las mascarillas, ha acabado en un espectáculo degradante, en el que algunos acusados, señaladamente Koldo García, han proferido desplantes hacia el tribunal o hacia los letrados.
En torno al caso de las mascarillas, visto para sentencia en la Sala Segunda del Tribunal Supremo, han aparecido poderosas fuerzas interesadas en que la verdad judicial, que es una categoría muy protocolizada en normas escritas previamente (leyes), quede enterrada por la verdad política, que es cambiante, casquivana y muy manipulable.
Todos los años por estas fechas nos toca "la dolorosa", hacer la declaración de la renta, el IRPF. La manera de financiar todos los servicios que recibimos, de ser solidarios con los que menos tienen, de garantizar el estado del bienestar, esa obligación moral de no dejar atrás a nadie.
Salimos de una y entramos en otra. Mira que es grande el planeta y no digamos el océano, en este caso el Atlántico, pero se desata un caso de un brote letal de hantavirus en un crucero y nos toca a nosotros la patata caliente.
Cuando un amigo cercano, un referente o incluso un enemigo cordial se te muere, se te abre un abismo en el alma: nunca más le verás, ya jamás compartirás con él o ella la indignación ante ciertas noticias, acabaron para siempre las discusiones políticas, la sana rivalidad por estar mejor informado/a.
Los objetivos de los fondos europeos eran claros. Se trataba de acelerar la modernización de la economía, reforzar la productividad y financiar reformas estructurales capaces de dejar una huella duradera.
En la España de nuestros días la crónica de tribunales se mezcla con el relato de la vida política. Hemos entrado en la fase definitiva del conocido "caso de las mascarillas" y, pese a que se multiplican los indicios que detectan prácticas presuntamente delictivas en las actuaciones de los acusados -el ex ministro de Fomento José Luis Ábalos y sus compañeros de banquillo-, crece la sensación de que sea cual sea la sentencia, en términos políticos, el asunto está amortizado.
Gabriel Rufian (1982, Santa Coloma de Gramanet) es el gran verso suelto de la política nacional. Un patito feo entre los suyos (independentismo catalán por lo identitario, izquierdoso por lo ideológico) y un demonio entre quienes acampan al otro lado de la barricada (derecha española y catalana, tanto da en idéntica insensibilidad a los padecimientos de las clases más desfavorecidas).
Pudiera ser que los dirigentes sindicales de Comisiones Obreras, y Unión General de Trabajadores, tengan una salud tan envidiable que, en los últimos meses, no hayan tenido necesidad de ir al médico.
Pensar que una declaración, por muy comprometida que fuese, de alguien ya tan desprestigiado como José Luis Ábalos, podría precipitar una caída de Pedro Sánchez era, es, lo que los americanos llaman un 'wishful thinking', o sea, un pensamiento ilusorio.
Donald Trump anuncia que retirará cinco mil soldados de las bases que los norteamericanos mantienen en Alemania. Aunque, dadas sus atrabiliarias amenazas, la cosa lo mismo se quede en un aviso, lo prudente sería tomar en serio la amenaza.
No sé si Feijóo gobernará España cuando haya unas nuevas elecciones y si lo hará sólo o con la hipoteca de Vox. Lo peor que nos podría pasar, visto lo que hay, no son ya ocho años más de Pedro Sánchez, o cuatro, sino unos cuantos meses.
El Gobierno insiste en vender la imagen de que la economía española va como un cohete, pero los datos, a pesar de que en este país se discutan, son tozudos y el cohete de Sánchez se dirige derechito a la Tierra.
El Parlamento Europeo ha tumbado una propuesta del Gobierno español para levantar las sanciones que pesan sobre Venezuela. Hasta que el país "no adopte medidas significativas hacia una transición pacífica a la democracia".
Cada año por estas fechas me vuelve a la cabeza la frase, probablemente no literal, del alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, aquel 2 de mayo de 1808: "españoles, la patria está en peligro, acudid a salvarla".
La ministra de Sanidad está muy disgustada, porque la mayoría de los médicos no se afilian a Comisiones Obreras y UGT, que, según ella, son los sindicatos buenos, los sindicatos fetén, los sindicatos de clase, es decir, los sindicatos de izquierda.
Ya sabemos que sólo Tezanos con su CIS es capaz de medir la fortaleza electoral de Pedro Sánchez. Pero hay otros indicios que muestran la realidad. "Yo no soy una rata que huye cuando el barco se hunde", me dijo hace muchos años un ministro de Educación.
Sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados y enésima oportunidad perdida de afrontar la variable política de los verdaderos problemas de los españoles.
Vivimos tiempos revueltos abonados en lo político a los discursos triunfalistas por parte del presidente del Gobierno y a los diagnósticos apocalípticos por cuenta del líder de la oposición.
Ahora que nos han revelado en qué universidad estudiará la futura reina de España y qué carrera ha sido la que han elegido para ella una vez finalizadas sus prácticas militares, me parece buen momento para recordar a quien corresponda que alguien tendrá que explicar a doña Leonor de Borbón que el mundo en el que ella previsiblemente ejercerá como jefa del Estado nada tendrá que ver con el actual.
Un año después del gran apagón del 28 de abril, el llamado "cero energético" que dejó a oscuras A buena parte del país y parte de Francia y Portugal, seguimos sin una explicación oficial concluyente sobre lo ocurrido.
Don Luis Pedro Marco de la Peña, presidente de ADIF, y ADIF Alta Velocidad, declaró en el Senado que la rotura del raíl, incluso completa, es algo que no resulta extraordinario, pero él no cree probado que la tragedia de Adamuz fuera consecuencia de una rotura.
De lo que hoy narran los periódicos y mañana ampliaran los libros de Historia se nutren estos días las crónicas de tribunales. El arranque de la semana fue un alarde de togas y puñetas .
Trump sigue siendo Trump después del atentado, afortunadamente fallido. No son formas de cancelar al matachín de la Casa Blanca. Nada de balas. Mejor las instituciones, la voluntad del pueblo soberano o una aplicación motivada de la enmienda 25 de la Constitución.