Alguien sostiene que cuando uno se pierde el respeto a sí mismo, el paso siguiente es perdérselo a los demás. Yo discrepo: cuando descubrimos que alguien se ha perdido el respeto a sí mismo, es señal de que antes se lo ha perdido a los demás, a la verdad y a la moral.
Hace tiempo que no creo en las casualidades, y sí en las causalidades. Que la UCO entre en la sede del PSOE de Ferraz precisamente el día en el que el secretario general del Partido Socialista y presidente del Gobierno se iba a encontrar con el Papa en Roma, con todo lo que ello significa de propicio para la imagen de Pedro Sánchez, difícilmente puede considerarse una mera coincidencia.
La cosa está que arde. Contamos los días por escándalos y los casos de corrupción se solapan. El último, un registro de la Guardia Civil en la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid. Intervención judicial de la UCO que los medios afines al sanchismo llaman "requerimiento".
Una noticia buena y una mala. Justo el día en que la UCO, en su condición de policía judicial, registra la sede central del PSOE, mientras Sánchez se hacía el encontradizo con el Papa y en el Congreso se llevaba a cabo una espantada general a modo de ensayo de lo que sus señorías deberían hacer en caso de emergencia.
Pedro Sánchez es, para lo bueno y para lo malo, un hombre de suerte. Y que sabe aprovecharla.
En política lo que parece, es. Y en los últimos días, lo que parece es que la imagen del Partido Socialista está resultando abrasada por el "caso Zapatero". Como una premonición, la fachada de la sede del partido en la calle Ferraz de Madrid aparece cubierta por una lona en uno de cuyos extremos se pude leer el eslogan: "No a la guerra".
Recuperamos el hilo de lo que acontece, que no es poco, al principio de la semana. Bolsa en alza y Sánchez en baja. Buenas noticias. A la espera de que, por fin, se abra el estrecho de Ormuz y de que el todavía presidente del Gobierno asuma que lo suyo no da más de sí.
"Que nada ni nadie nos distraiga del proyecto. El enemigo no es Zapatero, el enemigo es la derecha y la ultraderecha". Eso es lo que piensa la izquierda. Eso es lo que transmite Pedro Sánchez a los suyos y a sus socios.
Repaso lo escrito por mí mismo en dos libros sobre Zapatero hace 15 años y me quedo perplejo: ¿es este hombre el mismo que, contra viento y marea, negoció con ETA, como relataba 'El Zapaterato'?
La imputación del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido para sus correligionarios un mazazo y, tras la negación de los hechos y acusaciones a jueces y periodistas, se ha pasado a imponer el relato de una gobernanza digna de elogio.
El presidente Sánchez ha comparecido en público no para hablar del 'caso Zapatero', ni de cómo afectan a España las amenazas de Trump contra el país hermano Cuba, ni para referirse a tantos otros temas candentes que a tanta gente enfadan o angustian.
El enviado especial de ERC en Madrid puso en circulación un endiablado dilema: "Si lo que dice el auto de imputación de Zapatero es verdad, es una mierda; y si es mentira, una mierda peor". Lo llamo "El dilema de Rufián".
A medida que se analiza el auto del procesamiento del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero la inicial impresión de desconcierto se transforma en indignación. El sentimiento que apareja la sensación de haber sido estafados por quien oficiaba ante la sociedad como guía de decencia y altruismo.
Pertenezco a una generación en la que los padres insistían mucho en las conductas correctas, y nos aseguraban que, si nos sacrificábamos en el estudio y en nuestra formación, la sociedad nos recompensaría con trabajos adecuados a nuestras aptitudes, y reconocería nuestro esfuerzo.
España sigue gozando de prestigio: lo comprobé hace unos días en un encuentro con varios periodistas europeos en París y lo reitero ahora en Panamá, donde me encuentro como jurado de un premio internacional de periodismo.
Julio Martínez Martínez, "el lacayo de Zapatero", como alguien le nombra en una de las conversaciones intervenidas judicialmente, ha hecho unas declaraciones para enmarcar en el museo del esperpento.
Aunque los indicios son importantes, no sabemos si Zapatero será juzgado y, en ese caso, condenado o absuelto. Tiene derecho a la presunción de inocencia. Tenemos, sobre todo, que dejar actuar a la justicia con absoluta independencia, aunque los que defienden a muerte al expresidente del Gobierno y los que ya le han condenado siguen intentando no sólo coaccionar a los jueces sino "imponerles" lo que tienen que hacer.
Vaya por delante que le ampara la presunción de inocencia, pero la contundencia de los indicios probatorios que han llevado al juez de la Audiencia Nacional en el sumario abierto al ex presidente Rodríguez Zapatero resulta abrumadora.
La batalla judicial entre la cantante colombiana Shakira y la Agencia Tributaria ha dado un giro de enorme trascendencia tras la sentencia de la Audiencia Nacional que anula las liquidaciones y sanciones impuestas por el ejercicio fiscal de 2011.
"Los Pujol saqueaban las arcas mientras Cataluña decía: Espanya ens roba". Pero no era España, eran los Pujol quienes nos robaban. Hay frases que resumen toda un época y en este caso su descarnada inmoralidad.
A raíz de las interpretaciones que he leído sobre el resultado de las elecciones andaluzas, parece que hay ideologías políticas extremas, que se pueden observar con sosiego, e inquietantes ideologías extremas altamente peligrosas.
"Si concentramos el voto en el PP, estaremos señalando la puerta de salida a Sánchez", decía Juanma Moreno en el tramo final de la campaña. Esa relación causal no le ha funcionado del todo al ganador de las elecciones andaluzas.
El Partido Popular fue el claro ganador de las elecciones andaluzas doblando en votos al PSOE. Pero aunque consiguió más votos se le escapó la mayoría absoluta y esa circunstancia convierte su triunfo en una victoria amarga.
Ya sé, ya sé que no faltará quien, al leer el titular de este comentario, me 'acusará', cuando menos, de ser simpatizante y propagandista del Partido Popular. Y claro que no: como mucho, soy partidario del sentido común, y por ello proclamo que quien se ha quedado a dos escaños de la mayoría absoluta, pero tan por delante de sus competidores, merece tener la oportunidad de ejercer la gobernación, como la ha ejercido hasta ahora y acentuando si cabe la voluntad de pactos y de diálogo con las fuerzas a su derecha y a su izquierda.