La "pinza" que la cuarta acepción del diccionario de la RAE define como la "presión que ejercen dos personas o grupos contrapuestos sobre otra persona o grupo" como metáfora ha vuelto a ocupar espacio en la crónica más reciente de la vida política española.
El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, la viene empleando para señalar la coincidencia entre las críticas al Partido Popular tanto de Pedro Sánchez (PSOE) como de Santiago Abascal (VOX).
Abascal también echa mano de este sintagma para decir que la pinza de la que habla Feijóo es la que habría que llevarse a la nariz para evitar el olor de los casos de corrupción que afectan tanto al PSOE como al PP. Al hablar en estos términos, el líder de Vox parece haber olvidado que no hace tanto tiempo -cuando algunos de los casos más conocidos de corrupción que afectaban a los populares- él actuaba en la órbita del PP como director gerente de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social. Un "chiringuito", por decirlo con arreglo a una terminología muy al uso en los discursos de los dirigentes de su actual partido.
Se puede entender la desazón del líder de la oposición al analizar la evolución de la intención de voto que apuntan las encuestas comprobando que entre los votantes jóvenes -entre los 18 y los 30- está creciendo la tendencia a apoyar a Vox. Un partido que compite con una ventaja sustancial: al no gobernar en ninguna parte se beneficia señalando los errores que cometen quienes sí tienen responsabilidades de gobierno, el PSOE en el Ejecutivo y el PP en la mayoría de las comunidades y buena parte de los ayuntamientos. Como ya ocurrió el 23 J (últimos comicios legislativos) La Moncloa viene activando la estrategia propagandística del miedo a Vox, el fantasma de la posible presencia de Vox en una hipotética combinación para formar un futuro Gobierno de coalición con el Partido Popular.
Núñez Feijóo insiste en rechazar esa posibilidad y al hablar de la pinza entre Sánchez y Abascal está diciendo qué para desalojara Sánchez y evitar el populismo ultra de Abascal la solución pasa por votar al Partido Popular. Comprometiéndose llegado el caso y sí dan los números a gobernar en solitario. Un mensaje que de momento es imposible saber sí calará entre los electores. El tiempo dirá.
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