
Difícil escribir en estas horas en Eclipsolandia sin citar la palabra 'eclipse'. No solo por la revolución turística y social que está llenando la mal llamada España vaciada de gentes deseosas de ver el fenómeno astral de sus vidas, sino porque, qué quiere que le diga, el nuestro es también metafóricamente el país de las ocultaciones del sol de la verdad. Y de la luz del sentido común: jamás había asistido a un conjunto tal de despropósitos como el que está jalonando este verano lleno de oscuridades y de acontecimientos inéditos (o no tanto). ¿Ejemplos? Los hay por docenas.
Una agresión al sentido común es, por hablar de los temas más recientes, el conflicto fronterizo con Italia, considerado "ridículo" por los propios policías que tienen que pedir el pasaporte a los europeos que llegan de aquel país. Claro que casi todo lo relacionado con la gestión de la crisis migratoria en Ceuta, incluyendo las obvias mentiras sobre las cifras de 'invasores' y 'retornados' lanzadas por el Gobierno, ha sido, está siendo y me temo que será, un puro dislate.
Tiemblo al pensar en la posibilidad (remota, menos mal) de que las amenazas en las redes sociales se cumplan y el próximo día 15 tengamos nuevas avalanchas de nadadores hacia las costas ceutís. Ya digo que seguramente estamos ante un bulo, pero aquí y ahora hasta lo más increíble se torna creíble. Es el eclipse de la lógica, la desaparición de la normalidad, la negación de que el sol sale para todos, entre otras evidencias.
¿Habrán aprendido algo quienes hasta ahora tan mal han venido gestionando la catástrofe? Dicen que se ha creado una comisión interministerial (presidida, glub, por el ministro del Interior) para manejar los movimientos masivos de las gentes que buscan ver el eclipse desde sitios privilegiados, provocando riesgo de incendios; sin embargo, nunca se creó una tal comisión ni para la crisis de Estado en Ceuta ni para la proliferación de incendios que devastaron buena parte del país en las semanas recientes. Dígame usted qué tiene que ver eso, la patente descoordinación ministerial, con el más elemental sentido común.
Claro que el propio mantenimiento de las vacaciones presidenciales en La Mareta (no, no quiero hacer demagogia) es ya una puñalada a esa lógica que señala que la nación necesita ahora una coordinación más allá del despacho vacacional del presidente sin piernas, pero eso sí, transformado en disc jockey que nos prescribe las canciones del verano.
Se han puesto en juego demasiadas cosas, desde la mismísima jefatura del Estado y las fuerzas del orden hasta los servicios secretos. Pasando por un Parlamento inoperante y cuya Cámara Alta va a ser fuente de conflicto en los próximos días ante la probable incomparecencia de tres ministros a la llamada de la comisión senatorial correspondiente para explicar lo ocurrido y lo que ocurrirá en Ceuta. Claro que dígame usted si el hecho de que los ministros 'responsables' de lo de Ceuta no vayan a comparecer en el Congreso sino hasta finales de este mes, y que el presidente del Ejecutivo ni siquiera entonces vaya a hacerlo, no es una patada en el estómago de lo que debería ser una democracia parlamentaria. ¿No había una Diputación Permanente en nuestro sesteante Legislativo?¿No habría motivos para abandonar La Mareta más allá de desplazarse a Guadalajara para ver el eclipse?
En fin, que empezamos hablando de las eclipsadas joyas de un ex presidente del Gobierno, de las que nunca más se supo, y acabamos peleando con quien menos nos conviene, una señora Meloni que debería ser nuestra aliada en la salvaguarda de la frontera sur de Europa. Algún día no lejano la Historia sentenciará estas jornadas, que son ya meses, de eclipse total de tantas cosas. Entre ellas, ya digo, el que afirman que es el menos común de los sentidos, ese sentido común del que nuestros responsables a veces parecen no haber oído hablar siquiera, porque está nerudianamente como ausente, eclipsado.
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