Lo que no deberían hacer los políticos

Lo que no deberían hacer los políticos

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El fondo soberano de Noruega (Government Pension Fund Global), dependiente del Banco central noruego, es el mayor fondo estatal del mundo y supera el equivalente a 1,8 billones de euros de inversión. Son dueños del 1,5 por ciento de todas las acciones del mundo. Fue creado en los años 90 para ahorrar los excedentes del petróleo y gas e invierte fuera del país en más de 9.000 empresas globales para financiar el estado del bienestar para las generaciones futuras. Ya es un dato que nos debería hacer pensar. Pero lo que hace más relevante a este Fondo es que cuenta con un comité ético independiente -sus cinco miembros son nombrados por el Gobierno noruego, pero actúan con absoluta independencia; es Noruega, no España- que aplica estrictas normas que prohíben invertir en empresas de armas nucleares, tabaco o cannabis, aquellas que dañan gravemente el medio ambiente o los derechos humanos o que están involucradas en casos de corrupción. En la lista actual de exclusiones hay algo más de 200 empresas, en las que se han incluido recientemente algunas empresas israelíes y de Estados Unidos por su papel en la invasión de Gaza, asunto, por cierto, del que los medios de comunicación no se ocupan desde hace meses, como si aquella enorme tragedia hubiera terminado felizmente. Este fondo es transparente: publica el valor de sus activos y rentabilidades en tiempo real de forma abierta a todos. Repito, estamos hablando de Noruega, no de España.

¿Sería posible crear algo parecido en España para el control de las inversiones públicas o la intervención en empresas privadas? Un comité ético, realmente independiente del Gobierno de turno y transparente en su gestión. A primera vista, eso parece una utopía, un imposible. Aquí, quien tiene el poder lo utiliza para controlar instituciones y empresas, públicas y privadas y ponerlas al servicio no de los ciudadanos sino del partido o de intereses personales y para colocar a fieles que cumplan las instrucciones del que manda y, si es posible, aplaudan y no pregunten. También para multiplicar chiringuitos de los que puedan vivir quienes no tienen otro oficio ni beneficio que el partido en el que han desarrollado toda su "carrera".

¿Sería posible crear un comité parecido en su filosofía sobre las decisiones políticas que toman los Gobiernos? Aunque soy enemigo de crear más y más organismos que acaban burocratizados y al servicio del gobierno de turno, una institución que pudiera decirles a los políticos lo que es y no es ético, por ejemplo, o qué leyes son manifiestamente inútiles, negativas u obsoletas, Sí, ya sé que existe el Parlamento, que debería debatir lo que allí se legisla y controlar al Gobierno. O el Consejo de Estado. O las Conferencias de presidentes y las sectoriales. Y el Consejo General del Poder Judicial. Y algunas Comisiones y otros Tribunales, como el de Cuentas, y Consejos como el de Seguridad Nacional. O el seguridad Nuclear, que es mucho más seguro que el anterior. Y más, muchos más. Pero ¿creen ustedes que alguno cumple su función o no depende de quien los manda, que casi siempre está nombrado (y al servicio) de quien lo ha puesto allí? Y cuando, en casos sorprendentes, difiere de lo que dice el Gobierno o reprueba alguna de sus acciones o a alguno de los miembros del Gobierno, ¿alguien cree que son escuchadas y atendidas sus discrepancias?

La política puede crear condiciones de vida mejores para todos, proteger a los más débiles, gobernar para el conjunto de los ciudadanos, resolver problemas... Pero también puede acabar con el diálogo, gobernar para unos pocos, dividir, enfrentar, descartar, crear más problemas y no resolver ninguno. Incluso devaluar los valores y "deconstruir" desde el poder todo aquello que ha servido para cimentar la convivencia y la democracia. Si los valores se trivializan, lo único que importa es el poder personal.

Por eso digo que un comité ético "independiente y transparente" podría servir para decirles a los políticos las líneas rojas que no pueden traspasar: ni mentir ni incumplir las leyes ni saltarse la Constitución ni pactar con los herederos del terrorismo o con los que quieren irse de España ni amnistiar o indultar a los delincuentes ni agraviar a unos para contentar a otros. Pero la verdad es que ellos ya lo saben y les importa todo un bledo salvo seguir en el poder. Insisto, esto no es Noruega.


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