Supongo que, en este país nuestro, no faltará quien reproche al presidente que se marche este lunes a los Estados Unidos, para participar en la Asamblea General de la ONU y cuanto ello significa, en lugar de quedarse asistiendo impávido, como hasta ahora, al caos en Ceuta. Jamás reprocharé que un jefe de Gobierno acuda a citas internacionales, máxime si son tan representativas como estos encuentros anuales de las Naciones Unidas. Otra cosa es que allí, ante la Asamblea General, y más aún en sus contactos bilaterales, Pedro Sánchez aproveche para poner un poco de orden en la diplomacia multipolar sobre el punto que más nos importa: la frontera sur y Marruecos. Es decir, la españolidad de Ceuta y Melilla.
Claro que para que este periplo de Sánchez sea eficaz es necesario que primero se haga un diagnóstico certero: si el Gobierno español, dentro del magma de declaraciones y datos contradictorios, sigue insistiendo en la 'lealtad' con la que Marruecos actuó en la crisis de Estado más seria que hemos tenido desde la 'marcha verde', de nada valdrán reclamaciones ni reconvenciones, ni tampoco las eventuales peticiones de ayuda.
Sánchez acude a las Naciones Unidas como un mandatario muy solo. Cercado por los Estados Unidos, por el reciente acuerdo entre Israel -enemigo acérrimo de este Gobierno español-y Marruecos, con un pie entre Rabat y Argel, con una pérdida de peso evidente en una UE de cuyas votaciones parlamentarias el PSOE se desmarca, es difícil saber si regresará a Madrid con algo en las manos. Eso sí, le veremos, en un alarde de sus famosas 'photo opportunities', retratado con muchos estadistas mundiales, quizá incluso en algún fugaz saludo con Trump, nunca con Netanyahu, jamás con el argentino Milei, que esa es otra cuando estamos casi en vísperas de la celebración de la 'cumbre' iberoamericana en Madrid.
Con quien seguramente sí le veremos será con Rebeca Grynspan, la costarricense ex secretaria general iberoamericana, bien conocida por los españoles, que tiene más probabilidades que sus rivales por el puesto de convertirse en secretaria general de la ONU sustituyendo al veterano portugués Guterres ya este año. Para Sánchez, la cercanía a Grynspan, por muy inoperantes que sean las Naciones Unidas, es un logro diplomático, naturalmente para lo que valga.
Me parece altamente interesante seguir el discurso público y privado de Sánchez en esta 'cumbre' multilateral, en la que casi todos aprovechan para celebrar reuniones con la mayor cantidad de mandatarios que puedan. ¿Qué va a decir sobre Ceuta y Melilla, ahora que vuelan rumores acerca de nuevos intentos de 'invasión' de las dos ciudades españolas en el norte de África?¿Algún reproche a los socios de la UE?¿Alguna petición de auxilio ante el evidente caos?¿Algún reconocimiento de que, al final, Marruecos no era un aliado tan inocente como oficialmente se dijo?
Ceuta, estos días, habría de estar muy presente en Nueva York, y el Gobierno de España tendría que recordar continuamente que una sesión inminente e importante en las NN.UU se dedicará al nunca bien cerrado tema del Sahara, donde nuestro país jugó un papel especialmente confuso. Buena ocasión, en fin, para aclarar muchas cosas en el turbio panorama exterior español. ¿Será esa la intención de Sánchez cuando está a punto de viajar a la cita mundial más simbólica del año, quizá su última presencia ante la Asamblea de las Naciones Unidas? Las preguntas son pertinentes; las respuestas, por ahora, son inexistentes.
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¿Crees que Sánchez aprovechará su viaje a la ONU para aclarar la posición de España sobre Ceuta y Melilla ante la comunidad internacional?
¿Qué esperas que logre el Gobierno español en materia de diplomacia exterior durante esta cumbre de las Naciones Unidas?
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