Puedo darle a usted mi palabra de honor de que hoy no pensaba escribir sobre si tres jugadores del Real Madrid, y todo el Barça, se negaron a lucir en sus camisetas el lema de apoyo a Ceuta 'Todos somos caballas'. Me irrita profundamente esa tendencia a convertir lo anecdótico en categoría, en lo fundamental. El futbol, poco a poco, va dejando de ser lo más importante de lo menos importante para convertirse en factor esencial, básicamente porque todos estamos deseando alienarnos un poco para olvidar que, en lo sustancial, fallamos, o nos fallan, más que una de las antiguas escopetas de las ferias.
Lo que ocurre es que he escuchado hoy tal cúmulo de comentarios, sandeces y exageraciones sobre el 'affaire' de las camisetas que no puedo resistirme a echar mi cuarto a espadas: ¿qué diablos aportará, digo yo, un lema en una camiseta, situado encima del anuncio de un emirato árabe, a la normalización de la martirizada ciudad en la frontera del sur? ¿De veras alguien cree que un eslogan en la vestimenta deportiva de un ídolo del balón -que esa es otra: ¿lo merecen?-va a ayudar a los sufridos ceutíes, liberándolos de las incapacidades de un Gobierno y de una Unión Europea que tarde y mal ha reaccionado a una crisis que no afecta solamente al Estado español?
De acuerdo: los ídolos futbolísticos, precisamente porque en eso los hemos convertido, deberían dar ejemplos mejores de solidaridad y de menos egoísmos, menos coches deportivos de a trescientos mil euros y menos farras en el límite de lo permisible. Pero ese es otro problema, uno que tenemos que resolver nosotros, la sociedad civil, sin huir con ello de la participación que sería deseable en la vida política. Que son cosas distantes, distintas y ya digo: para mí, apasionado futbolero, el futbol no deja de ser futbol. Y la gestión política ahora no hace sino jugar partidos muy malos con árbitros comprados: eso es lo fundamental.
Nos apasiona lo aparentemente interesante y desdeñamos lo importante, que es la construcción de una sociedad mejor para nuestros hijos y nietos. De manera que se convenzan de que hay un porvenir para ellos, más allá de pensar que su futuro está en un estadio de futbol y en poder comprarse, con el dinero de su fichaje, un Ferrari y aparecer en las páginas de sociedad con una belleza despampanante. Que es, ay, el mundo que les estamos mostrando: un mundo de lemas en camisetas. Y detrás no hay nada.
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