Una de las cosas que, reconozcámoslo, le pierden a Sánchez es la chulería un poco callejera, usted me entiende. Chulería callejera, y torera, es aparecer luciendo en la cabeza una gorra similar a esas, espantosas, que se pone Trump con el lema 'make America Great Again'.
En España pasan cosas insólitas. Un ejemplo: es noticia que un tribunal acuerde la ejecución de una sentencia del propio tribunal. No es broma, aunque lo parezca. La noticia tiene como protagonista al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por haber acordado la ejecución -¡ojo, con carácter provisional¡- que anula parcialmente un decreto aprobado en 2024 por la Generalidad.
Hace unos días, durante la misa del Domingo de Ramos, el Papa León XIV dejó dicho: "No se puede utilizar a Dios para justificar la guerra".
Tiene toda la razón, es más, creo que quienes matan en nombre de Dios, no importa como le llamen, si Jehová, Alá o Dios, en realidad no creen en Él.
Acabó la sesión parlamentaria, por cierto con los escaños azules (y rojos) prácticamente vacíos, y se cerró una etapa política. Sé que, desde hoy mismo, muchos españoles están preparando sus vacaciones de Semana Santa, o directamente se han lanzado ya a ellas.
Acudo al Congreso de los Diputados para ver y escuchar el debate sobre la posición española en la guerra de Irán (ya era hora de que la comparecencia de Pedro Sánchez se produjese, por cierto).
"El verdadero peligro no es obligar a las personas a creer una mentira. El verdadero peligro es lograr que renuncien por completo a la idea misma de la verdad". Lo escribió hace muchos años Hannah Arendt y sigue siendo una reflexión absolutamente actual.
Según datos recientes del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) en España tenemos en el paro a 2.408.670 personas. Ciudadanos en edad de trabajar. El mayor número de parados se registra en el sector servicios -1.
A estas alturas, cualquiera se atreve a pronosticar qué proporciones tendrá la remodelación del Gobierno que deberá hacer Sánchez con la salida de la vicepresidenta y ministra de Hacienda María Jesús Montero para oficializarse como candidata a las elecciones de la Junta andaluza el próximo 17 de mayo.
Hace casi once meses que España sufrió el gran apagón. Desde el primer día los expertos tuvieron clara la causa, aunque hoy seguimos sin un informe oficial ni de la Vicepresidenta Tercera y ministra para la Transición Ecológica ni de la presidenta de Red Eléctrica.
¿Hasta qué punto son fiables los sondeos de intención de voto? No me refiero a los del CIS -siempre a favor del PSOE- en línea con la militancia de su actual presidente. Hablo del resto de los sondeos que publican empresas privadas.
Cuando era joven tenía en una de las paredes de mi habitación un póster con el rostro de Che Guevara. Y cuando ya no era tan joven recuerdo la impresión que me provocó conocer La Habana. Lo mismo me sucedió cuando viaje a la Unión Soviética.
A estas alturas, no vamos a discutir que España es un gran país (a veces no muy bien gobernado, pero esa es otra cuestión), atractivo, donde se come muy bien, clima agradable y con una infraestructura muy competente para recibir a los visitantes.
Cuesta tomarse en serio lo que pasa en España con el Gobierno cuando una parte del mundo está en llamas y aquí estamos abocados a preguntarnos por la insólita demora en la reunión de un Consejo de Ministros convocado con carácter extraordinario.
La guerra en Oriente Próximo continúa. Veinte días ya de los bombardeos de norteamericanos e israelíes sobre Irán y el Líbano y de réplicas de Teherán sobre Israel. Muertes, destrucción y bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz, paso obligado del transporte del petróleo y del gas que exportan tanto los emiratos de la región como el propio país de los ayatolás.
En nuestro movedizo ecosistema político, la apertura de una causa judicial se ha convertido en una condena política automática. ¿Esperar a la sentencia? No, ¿para qué? Basta una denuncia o una investigación para activar la máquina del fango habitual: declaraciones apelando a la ejemplaridad pública, titulares duros, ruido mediático y una condena social que se adelanta a cualquier prueba. La presunción de inocencia solo se invoca cuando interesa.
Algo se mueve en Cuba a impulso del temor a una intervención directa por parte de Estados Unidos como la que descabezó al régimen venezolano. Miguel Díaz-Canel, el presidente pantalla puesto por la familia Castro, que es quien controla el poder en la isla desde hace seis décadas, reconoce que hay contactos con Washington "bajo la dirección del general de ejércitos y líder histórico de la revolución" Raúl Castro, el hermano de Fidel que nunca fue militar pero ocupa el primer eslabón de la cadena de mando real de las Fuerzas Armadas, que son el soporte estructural del régimen.
¿Cuándo se acabará la guerra en Irán?. La respuesta es que no hay respuesta si nos atenemos a lo que viene diciendo Donald Trump.
Verán. Hasta ahora creía que Donald Trump era el "mascarón de proa" de un lobby poderoso (se publicó que Heritage Foundation).
No es que Castilla y León se haya quedado sin gente de izquierdas; es que han votado al PSOE. La debacle electoral de las llamadas izquierdas a la izquierda del partido de Pedro Sánchez pudiera no explicarse tanto por el agotamiento de sus tradicionales mensajes, o de sus no menos tradicionales divisiones, como por la circunstancia de que el PSOE, amortizado ya el felipismo absolutamente, representa hoy los valores y propósitos de la izquierda en muchas de sus diferentes gradaciones.
Decía Fernando Díaz Plaja que el pecado de los españoles era la envidia, y lo explicó muy bien, en un magnífico y ameno ensayo, titulado "El español y los siete pecados capitales. Los españoles somos más de envidiar que de odiar, aunque todavía no lo sepa el doctor en Economía que preside el Gobierno.
Nada está escrito. Al hilo de los resultados de las elecciones celebradas en Castilla y León, juzgar el todo por la parte, calculando que puede pasar lo mismo en las legislativas, podría generar un brote prematuro de entusiasmo en las filas de los dirigentes del PP.
Si hay una palabra merecedora del Oscar a la reiteración esa es 'guerra'. Para ser más preciso en esta ocasión, me parece muy apropiado el título, 'una batalla tras otra', dicen que un gran filme político -qué otra cosa podría ser- que se ha llevado la más preciada de las estatuillas, a la mejor película.
Lo primero a destacar es la lección de madurez democrática de castellanos y leoneses. Gracias a un considerable aumento de la participación (65,7%), con 2,2 puntos porcentuales más que en 2022, las tres grandes fuerzas políticas que concurrieron a las elecciones del domingo en Castilla y León cotizaron al alza en las urnas.
El precio de los carburantes, el gas y la electricidad vuelve a tensionar los bolsillos de los ciudadanos y las empresas mientras el Gobierno remolonea, quizás a la espera de que las cosas cambien más pronto que tarde.
Vox nació para combatir el sistema político español. Hoy vive de él.
No es una exageración. Es, tristemente, la evolución lógica de un partido que prometía romper con la vieja política y ha terminado reproduciendo exactamente los mismos vicios que decía combatir: aparato cerrado, purgas internas, control férreo del liderazgo y un pequeño círculo de poder moviendo los hilos en la sombra.