"No esperamos ningún respaldo del Papa a nuestras políticas", pero estamos "en sintonía", dijo Pedro Sánchez hace unos días tras visitar a León XIV en Roma para "preparar" la visita del Santo Padre a España.
Muchos medios publican ya este fin de semana cuadernillos detallando los mil aspectos de la visita del Papa León XIV a España: ni un detalle queda por escudriñar. Excepto, claro, el contenido de las intervenciones del Sumo Pontífice, que se van a analizar al microscopio.
A partir de mañana, millones de hogares y pequeñas empresas tendrán que hacer frente a un nuevo incremento de sus gastos básicos. La electricidad, el gas y, en el caso de los madrileños, también el agua, subirán de precio tras la finalización de algunas de las medidas extraordinarias aprobadas por el Gobierno para amortiguar el impacto de la crisis energética internacional.
De ninguna manera quisiera estar en la piel de cualquiera de los responsables en el PSOE a la hora de dar la cara ante la opinión pública y publicada. De hecho, la verdad es que muy pocos conocen a la portavoz del partido en Ferraz, Montserrat Mínguez, y ni siquiera a doña Rebeca Torró la 'número tres' que sucedió a Cardán y Abalos en la Secretaría de Organización.
Decía mi madre que no hay cosa tan atrevida como la ignorancia. Era una alerta del sentido común, no de la jactancia, porque doña Antonia carecía absolutamente de adornos académicos. De haberlos tenido, sobre todo en el campo de la filosofía, los hubiera utilizado aquí y ahora contra los tontos contemporáneos que durante los últimos días y en nombre de la "Europa Laica" se vienes manifestando contra la próxima visita del Papa León XIV a Madrid, Barcelona y Canarias.
La legislatura está muerta, pero quienes podrían contribuir a un entierro parlamentario digno mediante una moción de censura: la oposición (PP y Vox) y algunos de los aliados del Gobierno (PNV, Junts, Coalición Canaria) que aceptan el diagnóstico -el Ejecutivo está agónico- no se atreven a botar a Sánchez.
No soy psiquiatra, pero como novelista me he documentado con un amigo que lo es, sobre el trastorno de identidad disociativo, y esta semana, tras la audiencia del Papa -y el registro de la sede del PSOE bajo sospecha de organización de trama criminal- apareció Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, e informó que los asuntos del PSOE no afectaban al Gobierno que preside.
Alguien sostiene que cuando uno se pierde el respeto a sí mismo, el paso siguiente es perdérselo a los demás. Yo discrepo: cuando descubrimos que alguien se ha perdido el respeto a sí mismo, es señal de que antes se lo ha perdido a los demás, a la verdad y a la moral.
Hace tiempo que no creo en las casualidades, y sí en las causalidades. Que la UCO entre en la sede del PSOE de Ferraz precisamente el día en el que el secretario general del Partido Socialista y presidente del Gobierno se iba a encontrar con el Papa en Roma, con todo lo que ello significa de propicio para la imagen de Pedro Sánchez, difícilmente puede considerarse una mera coincidencia.
La cosa está que arde. Contamos los días por escándalos y los casos de corrupción se solapan. El último, un registro de la Guardia Civil en la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid. Intervención judicial de la UCO que los medios afines al sanchismo llaman "requerimiento".
Una noticia buena y una mala. Justo el día en que la UCO, en su condición de policía judicial, registra la sede central del PSOE, mientras Sánchez se hacía el encontradizo con el Papa y en el Congreso se llevaba a cabo una espantada general a modo de ensayo de lo que sus señorías deberían hacer en caso de emergencia.
Pedro Sánchez es, para lo bueno y para lo malo, un hombre de suerte. Y que sabe aprovecharla.
En política lo que parece, es. Y en los últimos días, lo que parece es que la imagen del Partido Socialista está resultando abrasada por el "caso Zapatero". Como una premonición, la fachada de la sede del partido en la calle Ferraz de Madrid aparece cubierta por una lona en uno de cuyos extremos se pude leer el eslogan: "No a la guerra".
Recuperamos el hilo de lo que acontece, que no es poco, al principio de la semana. Bolsa en alza y Sánchez en baja. Buenas noticias. A la espera de que, por fin, se abra el estrecho de Ormuz y de que el todavía presidente del Gobierno asuma que lo suyo no da más de sí.
"Que nada ni nadie nos distraiga del proyecto. El enemigo no es Zapatero, el enemigo es la derecha y la ultraderecha". Eso es lo que piensa la izquierda. Eso es lo que transmite Pedro Sánchez a los suyos y a sus socios.
Repaso lo escrito por mí mismo en dos libros sobre Zapatero hace 15 años y me quedo perplejo: ¿es este hombre el mismo que, contra viento y marea, negoció con ETA, como relataba 'El Zapaterato'?
La imputación del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido para sus correligionarios un mazazo y, tras la negación de los hechos y acusaciones a jueces y periodistas, se ha pasado a imponer el relato de una gobernanza digna de elogio.
El presidente Sánchez ha comparecido en público no para hablar del 'caso Zapatero', ni de cómo afectan a España las amenazas de Trump contra el país hermano Cuba, ni para referirse a tantos otros temas candentes que a tanta gente enfadan o angustian.
El enviado especial de ERC en Madrid puso en circulación un endiablado dilema: "Si lo que dice el auto de imputación de Zapatero es verdad, es una mierda; y si es mentira, una mierda peor". Lo llamo "El dilema de Rufián".
A medida que se analiza el auto del procesamiento del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero la inicial impresión de desconcierto se transforma en indignación. El sentimiento que apareja la sensación de haber sido estafados por quien oficiaba ante la sociedad como guía de decencia y altruismo.
Pertenezco a una generación en la que los padres insistían mucho en las conductas correctas, y nos aseguraban que, si nos sacrificábamos en el estudio y en nuestra formación, la sociedad nos recompensaría con trabajos adecuados a nuestras aptitudes, y reconocería nuestro esfuerzo.
España sigue gozando de prestigio: lo comprobé hace unos días en un encuentro con varios periodistas europeos en París y lo reitero ahora en Panamá, donde me encuentro como jurado de un premio internacional de periodismo.
Julio Martínez Martínez, "el lacayo de Zapatero", como alguien le nombra en una de las conversaciones intervenidas judicialmente, ha hecho unas declaraciones para enmarcar en el museo del esperpento.
Aunque los indicios son importantes, no sabemos si Zapatero será juzgado y, en ese caso, condenado o absuelto. Tiene derecho a la presunción de inocencia. Tenemos, sobre todo, que dejar actuar a la justicia con absoluta independencia, aunque los que defienden a muerte al expresidente del Gobierno y los que ya le han condenado siguen intentando no sólo coaccionar a los jueces sino "imponerles" lo que tienen que hacer.