La Unión Europea ha rechazado una iniciativa de Pedro Sánchez para suspender el acuerdo de cooperación con Israel.
Nada menos que veinticuatro años de cárcel pide la acusación popular Hazte Oir para castigar los (presuntos) delitos de Begoña Gómez.
Casi un mes después del apagón que dejó a España en un inédito "cero energético", la reacción del organismo regulador (CNMC) no solo llega tarde, sino que además lo hace envuelta en una vergonzante ambigüedad.
Hay personajes del menguante retablo de la izquierda a la izquierda del PSOE que llevan años predicando austeridad -dando la chapa sería la expresión más adecuada- pero mantienen agendas de eventos y vacaciones que resultan muy llamativos.
Es bastante desolador el panorama de egoísmo e irresponsabilidad que enfanga empresas, partidos políticos y sociedad en general. Me imagino que, dentro de poco, en alguna rueda de prensa, cualquier ministro escupirá una flema sobre el suelo, y proseguirá su perorata con bastante naturalidad, aliviado ya del molesto carraspeo que le impedía difamar con claridad.
A la vista de las encuestas previas a las elecciones andaluzas el PSOE va camino de despeñarse, mientras el PP debate puertas adentro sobre la posibilidad de verse obligado a pactar con Vox una gobernabilidad similar a la ya pactada en Extremadura con los de Abascal.
La coincidencia en el tiempo de la celebración en Barcelona de una cumbre de dirigentes izquierdistas -algunos de ellos mandatarios iberoamericanos-, con la presencia en Madrid de María Corina Machado, líder de la oposición a la dictadura venezolana, ha contribuido a desvelar la impostura de fondo de quienes, como Pedro Sánchez, proclaman estar a la vanguardia de la lucha por las libertades al tiempo que todavía no ha encontrado la ocasión para felicitar a quien fue reconocida con el Premio Nobel por su lucha por la democracia y los derechos humanos pisoteados por el régimen chavista, una dictadura apoyada por varios de los asistentes a la cumbre de Barcelona.
¿Es deliberado el intento de acabar con la confianza de los ciudadanos en la justicia para reformarla y controlarla? ¿Puede un ministro de Justicia atacar a un juez, llamarle prevaricador y decir que se avergüenza de sus actuaciones por el mero hecho de que investigue y procese a la mujer de su jefe? ¿Puede presionar al Consejo General del Poder Judicial par que le sancione? ¿Puede quien dijo que la condena a Iñaki Urdangarín por tráfico de influencias dejaba claro que "no hay nadie por encima de la ley" exigir ahora que su esposa, procesada por indicios de cuatro delitos -tráfico de influencias, corrupción privada, apropiación indebida y malversación de dinero público- esté al margen de la ley? ¿Es responsable que los ministros en manada salgan en defensa de la mujer de su jefe atacando al juez que, durante dos años ha hecho una investigación de los hechos y al que, salvo en asuntos de menor importancia, ha sido respaldado por la Audiencia Provincial de Madrid y por el propio Consejo del Poder Judicial?
Todo exceso conduce a su contrario y en eso estamos. Con varios ministros, entre ellos el de Justicia, criticando la actuación de los jueces y sembrando dudas prevaricadoras acerca del magistrado que ha instruido el sumario que procesa por cuatro presuntos delitos a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno.
O se lee poco, o se escribe mucho. De otro modo no se entiende que de la mitad de los títulos que se editan en España no se venda ni un sólo ejemplar, como asegura amargamente Cegal, la asociación de librerías del país que ha estudiado el fenómeno. ¿Escribimos y editamos por encima de nuestras posibilidades, es decir, por encima de la posibilidad de encontrar lectores, por muy remota que ésta sea?
El homenaje recibido por el rey Juan Carlos I en la Asamblea Francesa debería hacer reflexionar a quienes en España, de manera harto mezquina desmerecen su figura, no reconocen el papel determinante que tuvo en el complejo proceso político de transición de la dictadura a la democracia y critican su posible regreso definitivo a nuestro país.
Por supuesto, para nada estoy comparando al prorruso húngaro Víktor Orban, destronado este domingo por las urnas tras dieciséis años de mandato, con Pedro Sánchez. Nada, o muy poco, que ver el uno y el otro, entre otras cosas porque tanto Putin como Trump hubiesen apostado gustosos por la permanencia de Orban al frente del Gobierno húngaro y, en cambio, sospecho que tanto el mandatario norteamericano como el ruso estarían encantados con una caída del presidente español.
Este sábado, en la sede de la Asamblea Nacional francesa, Juan Carlos I recibe un premio especial de una importante asociación literaria gala por el libro 'Reconciliación', las memorias del emérito alumbradas de la mano de la escritora francesa Laurence Debray.
Tiene mala suerte el Ministerio de Hacienda. Primero, se le marcha una de esas mujeres que, según ella, posee una inmejorable opinión de sí misma, y no es que huya, sino que renuncia a ser la mujer con más poder político que hubo nunca en el PSOE para redimir a sus compañeros andaluces, atrapados en los brazos de la derecha.
Unos dias Donald Trump amenaza con desmantelar las bases norteamericanas en los países europeos que, como España, se atreven a rechistar. Otros la amenaza es la voladura de la OTAN.
¿Va a sacar Donald Trump a Estados Unidos de la OTAN? El presidente norteamericano viene amagando con esa posibilidad y puede que la lleve a cabo.
¿Puede el presidente de la primera potencia del mundo estar loco? Puede. ¿Puede el presidente de la primera potencia mundial ser un estúpido, un imbécil? Puede, claro que puede. ¿Puede el presidente de primera potencia mundial llevar a todos los demás países a una crisis económica y a la pobreza? Lo está haciendo.
La corrupción es la filoxera que amenaza con pudrir la democracia. Tenemos en la agenda judicial de estos días dos casos destacados en la infamante primera división de la corrupción. Presunta, digámoslo también, mientras la cosa esté siendo enjuiciada y no haya sentencias.
Cambiar el mundo es una vieja aspiración de la humanidad. O debería serlo. Cuando las gentes viven bajo el terror, se dejan chantajear por un fanfarrón enloquecido -realmente lo está-, se declaran 'quemadas' y, lejos de pasar al estadio de 'indignadas', miran hacia otro lado, es que algo muy serio está ocurriendo en el planeta, ese planeta que ahora miran, de lejos, nuestros enviados especiales a la Luna.
Acostumbrados a bravatas y amenazas de Donald Trump que después se quedan en nada -aranceles, Groenlandia, Canadá- quizá no estamos midiendo el riesgo que entrañan algunas de ellas. Por ejemplo: que los Estados Unidos puedan abandonar la OTAN.
La coreografía política en torno a los datos de empleo y paro vuelve a repetirse con una precisión casi mecánica: música triunfalista, cifras lanzadas al vuelo y un mensaje simplificado que busca instalar la idea de un mercado laboral boyante.
La buena noticia es que el empleo ha crecido en nuestro país ,ya hay mas de veintidos millones de personas con trabajo, y la mala noticia es que, según cifras oficiales, cada día faltan al trabajo entre millón doscientos y millón y medio de trabajadores.
Llamaba la atención que Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior con Rajoy, soliera rematar sus declaraciones sobre cualquier operación policial con el latiguillo de que se había ejecutado "con arreglo a la ley, como no podía ser de otra manera".
De cada 100 millones que salen de las arcas del Estado (proveniente de los bolsillos de los contribuyentes españoles) a cada ciudadano vasco y catalán le corresponden unos 6 euros con 50 céntimos, mientras al resto de los ciudadanos, sean canarios, gallegos, extremeños o castellanos, no les llega ni siquiera a un euro por persona, sino algo así como 90 céntimos de euro.
En España, como ocurren cada día tantas cosas, no resulta extraño que el calendario haga coincidir acontecimientos paralelos y, en el fondo, coincidentes. Tal como el inicio ahora de un juicio por la corrupción en el Partido Popular, cuando este gobernaba, y otro contra la corrupción en el PSOE gobernante en la actualidad.