Me dice mi IA que el último eclipse total de sol se produjo en 1905, también, como el próximo, en agosto. Debe ser buen mes para los eclipses, aunque yo ahora hablo sobre toto metafóricamente: buen mes para conspirar desde el retiro veraniego, para urdir desde los poderes nuevas forma de eclipsar la realidad a base de opacidades, medias verdades y mentiras completas que se pondrán en práctica en septiembre.
El sol es la verdad, la transparencia, el calor (a veces, ya lo estamos viendo, excesivo); el eclipse es la ocultación, la oscuridad, como vamos a ver en ese masivo 'turismo de eclipses' que se avecina en torno al próximo día 12. Pero el fenómeno eclipsal, que es palabro no creo que admitido por la RAE, es común especialmente en la política española, amante de penumbras, inveracidades y trucos de toda guisa para evitar que los ciudadanos nos enteremos cabalmente de lo que ocurre. Quizá porque lo que ocurre no nos gustaría nada si lo conociésemos en toda su amplitud y profundidad descarnadas.
Y eso se manifiesta en todos los órdenes, en todas las formaciones, y se extiende a la empresa privada, a la propia conducta social. Ahí lo tenemos en los periódicos, o deberíamos tenerlo si nos dejasen enterarnos, desde el pisito que ha comprado en secreto -¿para qué?- Isabel Díaz Ayuso hasta los indultos de tapadillo a amigotes del Gobierno, pasando por las ruedas de prensa sin preguntas y con menos aún respuestas. Eso, por citar algunos ejemplos más recientes, que se me ocurren a vuelapluma, pero la 'eclipsemanía' es una constante, y que no afecta solamente al actual Ejecutivo, Legislativo, Judicial, etc, sino que nos viene de lejos.
Debería aprobar nuestro sesteante Parlamento, hoy cerrado a cal y canto por la agostidad, una ley Anti Eclipse, que sustituyese a la normativa inoperante sobre transparencia, tan falaz. Pero claro, ¿quién sería, qué partido, qué político, qué agrupación ciudadana, el impulsor de un tal proyecto de ley, que en el fondo desmontaría las estructuras sobre las que la política española se vertebra?
Algo de esto quizá deberíamos pensar cuando, el próximo día 12, nos calemos las gafas protectoras para ver un fenómeno que, aunque se repetirá parcialmente en nuestra Península (será total en Ceuta) en 2027, también en agosto, mira por dónde, va a ser un acontecimiento único en nuestras vidas. Porque hemos acuñado, al margen ya de los incendios físicos que nos agobian, el término 'quemados' para definir una situación de hartazgo; ojalá que no dejemos triunfar otra palabra, 'eclipsados', para designar a quienes, cada día más, nos sentimos intencionadamente desinformados por quienes detentan toda la información, y, por tanto, el poder, en eclipsolandia.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.
Comentarios (0)