Los elementos están en contra: del fuego ya ni hablo, porque mucho lo hemos hecho, sobre las imprevisiones, las administraciones descoordenadas y la falta de presupuestos adecuados. Por el agua nos llega una auténtica avalancha de gente, de pobre gente, que se juega la vida instigada por un rey déspota y medieval, pero gracias, sin duda, a la falta de previsión de nuestras autoridades.
Y por tierra... bueno, ahí tendríamos que hablar de cierto pisazo que... ¿Qué ese es tema menor y poco relacionado con los otros dos? Bueno, déjeme explicarlo, porque aquí todo parte de las mismas causas perversas.
Primero, lo del agua. Considero difícilmente tolerable que solamente medio centenar de guardias civiles, supongo que cabreados como todos en la Benemérita, tuviesen que hacer frente a una 'invasión' (déjeme decirlo así) de decenas de miles de personas. Que, merced a una disposición desafortunada del Tribunal Supremo, e impulsados por la 'vendetta' del monarca hachemita, disgustado por el acercamiento de España a Argelia, se lanzaron al mar, para llegar a la costa ceutí. ¿Tan difícil era preverlo, teniendo en cuenta los dos factores apuntados? No hacía falta ser un genio para pensar que alguna cosa semejante a esa 'marcha acuática' iba a anidar en la maligna cabeza del rey marroquí, empeñado siempre en el chantaje al vecino español.
Imprevisión, pues, en Interior, como imprevisión hubo en quienes deberían haber procurado, cuando correspondía, un escudo contra unos incendios perfectamente adivinables, lo cual debería haber ocurrido mucho antes de declararlos (increíble declaración) "inextinguibles".
Pero ocurre que mi cuaderno de despropósitos registra otro episodio, este no achacable al Gobierno, sino a la oposición, sección presidencia de la Comunidad de Madrid. Y que tiene lugar en la tierra, es decir, en el asfalto madrileño, en la carísima zona de Chamberí. El 'affaire' de la compra del famoso piso por la CAM, para luego, tras el escándalo, venderlo apresuradamente, puede que sea solamente una cuestión de 'apenas' cuatro o cinco millones de euros, nada que ver con las dos catástrofes millonarias del agua y el fuego.
Pero sí conecta con los anteriores en el mal uso de los fondos públicos, en la falta de transparencia -a veces se nos toma por tontos en las explicaciones, o en la falta de ellas-y en la ineficacia. Y es aquí precisamente donde radica la principal similitud: en que las cosas, cuando no se nos pueden ocultar, se nos explican como si fuésemos niños de cinco años. Lo cual, en el marco de la inmoralidad política que nos rodea, tiene mucho que ver con esa pelea, casi a muerte, entre los dos principales partidos nacionales, que hace que sea imposible cualquier acuerdo, por tierra, por mar o por aire, con el agua o con el fuego. Y con los pisos de lujo, en plena crisis de la vivienda, menos.
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