El Gobierno del "todo pendiente"

El Gobierno del "todo pendiente"

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El presidente del Gobierno, tras la tradicional visita al Rey en Palma de Mallorca, se va de vacaciones, unas largas vacaciones en un palacio que pagamos los españoles. Sin prisa por volver. Si por él fuera las alargaría hasta el momento de convocar elecciones, que serán, no cabe duda, lo más tarde que puedan aguantar un presidente y un Gobierno que lo tienen todo pendiente.

Principalmente, porque no tienen capacidad alguna para gobernar porque sus socios de legislatura no le apoyan, aunque tampoco quieren que se vaya. Hay que seguir chupando. Pedro Sánchez es un maestro en el arte de aplazar lo inaplazable y echar la culpa a los otros. Está claro que para gobernar o para actuar en la vida es preciso definir las tareas, marcar las prioridades y establecer un plan claro. Para Sánchez, todo eso se resume en una palabra: resistir.

Tiene pendiente presentar los Presupuestos, aunque de momento le han rechazado la senda de estabilidad, requisito básico, y si los presenta no es porque crea que se los van a aprobar, sino porque será el disparo fallido para la convocatoria de elecciones. Si lleva toda una legislatura sin aprobar un solo Presupuesto, tampoco hay que tener muchas esperanzas. "Un Gobierno sin Presupuestos es como un coche sin gasolina". Lo ha dicho hasta en seis ocasiones. No, Alberto Núñez Feijóo, no. Pedro Sánchez en 2018 cuando exigió a Mariano Rajoy que convocara elecciones generales si no lograba aprobar las Cuentas.

Tiene pendientes todos los casos de corrupción de su núcleo familiar y político. Y no es descartable para nada que surjan otros nuevos aún más próximos. Cada vez su defensa de Zapatero es más débil, pero insiste en pedir el respeto a la presunción de inocencia que él descarta para otros. Tiene bloqueados en el Congreso de los Diputados cerca de ochenta proyectos de ley -y veinte leyes de la anterior legislatura sin desarrollar reglamentariamente- por su incapacidad de aprobarlos ante la falta de apoyos. Paralizarlos sólo tiene un objetivo: esquivar derrotas parlamentarias, perder más votaciones.

Pero la práctica totalidad de las medidas estrella que Sánchez presentó hace un año no han visto la luz ni la verán. Tiene pendiente ahora una respuesta eficiente a los incendios que asolan España. Pero ni hay medios para luchar contra el fuego ni capacidad para cambiar las reglas del juego y convertir la prevención en la mejor respuesta ante estas catástrofes. Los aviones que prometió hace años no están y en algunos casos no estarán hasta 2031. El dinero se ha gastado en otras cosas. El Gobierno lleva cuatro años sin tratar con las autonomías sobre estos temas. Lo del "urgente" pacto de Estado contra la emergencia climática es sólo una cortina de humo y ni siquiera ha sido capaz de llamar al líder de la oposición para plantear algo serio.

Tiene pendiente el diálogo con las comunidades autónomas. La última vez que se reunió la Conferencia de presidentes autonómicos fue en junio de 2025. Aunque el Gobierno está obligado a reunirla al menos dos veces al año, no tiene previsto hacerlo. Las sectoriales son, cuando se producen, un diálogo de sordos. La última sobre la financiación autonómica -una trampa para conceder beneficios a Cataluña y quitárselos al resto de España- ha tenido que ser aplazada hasta septiembre por falta de acuerdo. Hasta las autonomías donde gobierna el PSOE se oponen. Sólo Canarias parece dispuesta a aceptar a cambio de más dinero. Tiene pendiente el decreto sobre vivienda, una de sus medidas estrella, por falta de apoyos y tal vez hay que alegrarse porque cada vez que actúan agravan el problema.

Hay muchos más temas pendientes: los proyectos de reforma de una justicia maltrecha por culpa del ministro Bolaños, la pésima gestión de la regularización de inmigrantes, la decisión sobre la necesaria continuidad de la central nuclear de Almaraz y la revisión del cierre de las otras centrales o la toma en cuestión, con rigor, del problema del absentismo y de la pobreza en España. Pero ahora, la principal preocupación del Gobierno y de todos sus cargos es pensar cómo colocarlos a todos antes de que se pierdan las elecciones. Para la mayoría, el único suelo laboral que han pisado es el del partido y el de las Administraciones públicas. De momento ya le están buscando colocación a Yolanda Díaz. ¿Qué culpa tiene la OIT para merecer eso?


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