
Diga lo que diga la FIFA -que no merece mucho crédito, la verdad--, yo sí creo que Infantino, ese enemigo de España y amigo, por tanto, de Trump, anda zascandileando con Marruecos para que sea el país norteafricano el que acoja la final del Campeonato Mundial de Futbol de 2030. Todos los indicios apuntan a la veracidad de lo que dijo The Times, mucho más creíble que el boletín de la FIFA, según el cual Infantino ha ofrecido al rey Mohamed VI la celebración en 2030 de la final del campeonato; ese campeonato que este año 2026, contra Infantino, contra Trump y contra el árbitro, España ganó limpiamente a una no tan limpia Argentina.
Si las maniobras orquestales en la oscuridad que tan bien ejecutan el tirano de Rabat, el, ejem, inestable de la Casa Blanca y el archi corrupto Infantino, llegasen a buen puerto, tendríamos una consecuencia más de la 'toma' de Ceuta por unos jóvenes marroquíes --¿setenta mil, según las últimas cifras oficiales?-- descontrolados, la crisis de seguridad más grave sufrida por el Estado español desde la marcha verde.
Resulta difícil imaginar tanta catástrofe como los hechos derivados de una gobernación profundamente errada en España, al menos en esta cuestión y en las últimas semanas: desde la Jefatura del Estado hasta los servicios secretos, pasando por el inoperante Parlamento, la Guardia Civil y hasta las Fuerzas Armadas han quedado 'tocados' por las equivocaciones de un Gobierno cuyo presidente se fue de vacaciones recomendándonos una lista de canciones para el 'Verano 26'. Ahí queda eso.
El 'verano 26' pasará a la Historia como uno desgraciado, en el que una parte importante de España se consumió en incendios mal previstos, en el desprestigio de las instituciones, en el reproche internacional y en el descrédito máximo de un Gobierno empeñado en equivocarse: es larga la lista de los errores cometidos estos días por el ejército de asesores de La Moncloa, el último de ellos, el más insignificante pero muy significativo, la reconversión de Pedro Sánchez en DJ, recomendando a los españoles una lista de canciones que seguramente él tampoco conoce pero sus 'asesores-para-todo' sí. Alguien dijo que las maniobras de imagen son negativas cuando se notan tanto, y lo del 'DJ Sánchez' se nota demasiado. Ochocientos asesores sin nada mejor que hacer son, definitivamente, un peligro.
Y ahora se pone en riesgo la celebración de la final del Mundial en el territorio del país que es el campeón del mundo, un gran campeón. No sé si la diplomacia de Albares podrá arreglar lo de Infantino, o si nuestras débiles estructuras deportivas --¿sabe usted cómo se llama el ministro/a encargado/a del deporte?-necesitarán unirse en una ofensiva con Portugal y con la izquierda radical para impedir que sea Marruecos quien, antes de jugarlo, se alce con el próximo Mundial.
Que digo yo que como esto no lo arregle Florentino (lo que tampoco gustará a los rectores del Camp Nou, claro; país...), a ver quién lo va a arreglar; porque, desde luego, no será en el despacho de La Mareta, si es que hay despacho de trabajo en La Mareta, donde se enderecen todos los desaguisados que nos han caído sobre la cabeza en este verano tan raro, en el que tanto de nuestro prestigio se eclipsa.
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