Menos mal que no jugamos contra Estados Unidos, porque ...

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¿Se imagina usted si, en lugar de contra Bélgica, que fulminó al equipo norteamericano, nos hubiese tocado jugar contra Estados Unidos en esta ya recta semifinal del campeonato mundial de fútbol?

Con un presidente Trump capaz de obligar a su 'amigo' (vasallo) Infantino a anular una tarjeta roja al jugador Balogan, y estando el basilisco de la Casa Blanca del humor de perros que muestra contra España, a saber qué hubiese obligado hacer a la FIFA: por lo menos, sacar a trompicones a Lamine del partido. O, ya puestos, encarcelarlo en virtud de sus leyes contra la inmigración.

Se ha esfumado la seguridad jurídica incluso del césped de la competición. Pero, claro, aunque quizá menos espectacular que lo de la tarjeta de Balogan, pero mucho más importante, es lo que ha ocurrido en Ankara, donde el hombre más poderoso del mundo, ante el silencio aquiescente del secretario general de la OTAN (otro 'pelota de Trump, como Infantino), ha lanzado un ataque sin mesura,, educación ni justificación contra España, "mala gente", dijo (¡él!). Ha estado incluso más desagradable que con su ex aliada Georgia Meloni, más amenazante casi que con Irán, con quien ha vuelto a las hostilidades, más despectivo que si estuviese hablando de la Gaza martirizada por su amigo Netanyahu, más desmadrado que si estuviese reivindicando la posesión de Groenlandia así, por la cara.

Hasta el anfitrión turco Erdogan se atrevió a defender tímidamente la contribución española al gasto militar atlántico, al ver la que estaba cayendo y cómo se le iba al garete la 'cumbre' atlántica gracias al caballo de Atila. No es quizá la hora de sacar pecho patriótico ni menos chovinista, pero resulta que España es un miembro importante de la OTAN (a ver, dónde está, tan silente, Javier Solana para recodárselo, como ex secretario general de la Alianza, a Washington), que la posición de nuestro país es estratégica, que tenemos cierto prestigio internacional como nación pacifista e independiente, y no solo por los méritos, a veces tan desparramados e incontrolados, de Pedro Sánchez. Y que somos la cuarta potencia de la UE.

Trump dice que no quiere hacer negocios con nosotros, los españoles. Ha ordenado, dice en una de sus bravatas, cortar todo el comercio bilateral. Para el inquilino del Despacho Oval, somos "un socio terrible", "un caso perdido". "No pagan, no participan, no quiero tener nada que ver con ellos". Así están las cosas, mientras La Moncloa trata de apaciguar los ánimos, un poco contra lo que venía haciendo hasta ahora: parece que Pedro Sánchez se ha dado cuenta de que los apoyos que pueda ganar en las encuestas enfrentándose a este hombre energumeneico podrían no compensar a las desventajas que se derivarían del cumplimiento de sus amenazas, cosa que hasta ahora, perro ladrador..., no había ocurrido. Pero con el flamígero Trump quién sabe.

Lo que nos deja muy claro alguien como Trump es que el país que él comanda, y mientras siga haciéndolo, no puede ni organizar un campeonato de futbol, ni liderar una 'cumbre' de la OTAN, ni siquiera albergar a las Naciones Unidas. Así de fuerte. Porque, si se pone como se pone porque el Gobierno español no le deja utilizar Rota y Morón como plataforma para ir a lanzar misiles contra Irán, imagínese usted si, pese a todo, hubiésemos llegado a ganarle al futbol el próximo viernes. Hubiese sido la guerra. Bueno, quizá ya lo esté siendo, ya digo; con este personaje quién sabe.


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