Ahora Trump, ya sabe dónde está España

Ahora Trump, ya sabe dónde está España

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El caso es que ganar un campeonato mundial de futbol de alguna manera te resitúa en el mapa. El comportamiento caballeroso del equipo español frente a la cuando menos descortesía argentina y a la como mínimo actuación polémica del árbitro tiene sin duda un rédito.

Y allí, en el deficiente estadio de Nueva York, el hombre más poderoso del mundo, que supo disimular bien su preferencia albiceleste, la persona que confundió a España con un país BRIC, pudo comprobar, en presencia del Rey y dando un frío apretón de manos a Pedro Sánchez, el peso real de un país al que constantemente ha querido despreciar.

Pienso que el palco neoyorquino, en el que por superstición primitiva y cateta no quiso estar el presidente argentino, Milei, fue una buena muestra de cómo andan muchas cosas. Sería un error no sacar las lecciones correspondientes cuando este domingo, y este lunes en las celebraciones, una nación entera ha vibrado con entusiasmo, tras haber dado una lección al mundo -no, no es chovinismo: fue así-de buen y profesional comportamiento.

Hay un cierto orgullo colectivo, en estas horas, de ser español. Así que ya no nos pueden seguir avergonzando con las Jessicas -declarando este lunes en sede judicial; este martes le toca a 'Julito' Martínez, etc--, los Koldos, los Cerdán, Abalos, Leires y demás. Espero que Pedro Sánchez se despoje de una vez de la camiseta de la selección y empiece a funcionar en modo sentido común. No puede seguir mirando hacia otro lado, y menos aún apoyar, por ejemplo a Zapatero, lo que no es posible respaldar.

Siempre insistiré en que el Gobierno ha hecho, sobre todo en cuestiones internacionales, cosas buenas, por muy poco que hayan gustado al hoy parece que nuevamente 'aliado' Trump. Y el magnífico ambiente creado en torno a la selección evidencia aún más el contraste con el pésimo clima moral que oscurece nuestra política. Sánchez, y toda la clase política española, desaprovecharon la oportunidad de regeneración que les ofrecía la visita del Papa. Ahora, creer que el triunfo de 'la Roja', que es el triunfo de casi cincuenta millones de españoles, lo mismo que el dictamen de la Justicia europea sobre la amnistía o, ya que estamos, los datos de la macroeconomía, le van a servir para perpetuarse en La Moncloa, sería una muy seria equivocación de Sánchez.

Puede que Sánchez, a su regreso de Argelia (un buen paso), trate de alargar un período de gracia del que en realidad no disfruta. Y se despedirá de los medios, en la tradicional rueda de prensa de fin de curso, el próximo día 28, hablando de los logros y no de los múltiples tropiezos. Tratará de irse para un largo descanso a La Mareta sin cambiar ni siquiera a los mandos de la Guardia Civil, que ya es mérito. Pero esta situación de atrincheramiento numantino no puede prolongarse mucho más: casi todo lo bueno que podía pasar ha pasado ya. Ahora viene lo otro: Sánchez está obligado a tratar a España como el gran país que es. Ahora ya lo sabe hasta Trump.

 


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