
Trabajo estable, boda, casa en un barrio tranquilo, hijos: son las pautas establecidas que debe seguir todo matrimonio. Sin embargo, la historia está llena de personas que han decidido vivir de otra manera. Es el caso de Maurice y Maralyn Bailey, una joven pareja británica, que en el verano de 1973 decidieron emprender un viaje en barco rumbo a Nueva Zelanda.
En un principio, cumplieron lo que se esperaba de ellos, pero pronto ambos se sintieron estancados en la rutina monótona de la ciudad de Derby y rodeados de gente banal y sin interés. Por ello, su afición por la aventura y la navegación los llevó a vender su pequeño chalé y a invertir todo su dinero en otra casa, un tanto distinta de la anterior: un velero. Poco tiempo después de cruzar el canal de Panamá, en medio del océano Pacífico, su barco naufragó y Maurice y Maralyn terminaron en un bote salvavidas a la deriva. Aquello de lo que huían, la monotonía, la comodidad de una vida aburrida, es lo que más ansiarían en ese momento; y la repulsión que sentían hacia la gente de su entorno en Inglaterra quedaría abruptamente sustituido por el agradecimiento más absoluto hacia la ayuda brindada por aquellos que los rescatarían.
Esta apasionante historia real llegó a conocimiento de la autora inglesa Sophie Elmhirst (1981) quien, sorprendida por la hazaña de los Bailey, continuó la investigación sobre sus protagonistas, dando lugar a su última novela “Un matrimonio en alta mar” (Salamandra, 2026). Elmhirst, galardonada especialmente por su obra como periodista, relata los hechos con mucho detalle y precisión y, asimismo, con la lealtad a la verdad histórica característica de su trabajo. Sin embargo, la novela dista de ser una fría y distante crónica periodística, pues presta mucha atención a los protagonistas, a su desarrollo y, en concreto, a cómo Maurice y Maralyn forjan su relación. Debido a que pudo tener acceso a los diarios de ambos, la autora conoce en gran medida no solo lo que vivían, sino también lo que pasaba por su mente. Incluso, va más allá y lee entre las líneas que ellos mismos escribieron, para reconstruir los vacíos que no quisieron llenar en sus relatos.
Así, esta novela es una historia de aventuras y de supervivencia, pero también es una reflexión acerca de las relaciones, de qué las hace funcionar y de qué buscamos en otras personas. La autora estudia la fina línea entre la compatibilidad y la dependencia, entre el sacrificio y el martirio. En “Un matrimonio en alta mar” se ve cómo, al igual que un pequeño velero surcando el mar, un matrimonio se apoya en un equilibrio que puede romperse con facilidad. A pesar de que no deja de lado estos planteamientos, la novela ofrece un mensaje positivo. Gracias a su ardua preparación y estudio antes de partir—y probablemente también gracias a que la suerte estaba de su lado— los Bailey lograron sobrevivir durante 118 días en alta mar, pero, sobre todo, lo que los salvó fue que se tenían el uno al otro. Por ello, en un mundo donde la individualidad cada día prepondera más, este relato nos recuerda la importancia del apoyo entre personas.
Es inevitable, en definitiva, atisbar una alegoría que ya sugiere el título de la novela: un matrimonio, cuando pasa por problemas de pareja está como a la deriva en medio del océano, sin saber cuándo va a ser rescatado y cuándo volverá a tocar tierra firme de nuevo. Sophie Elmhirst convierte así una extraordinaria historia de supervivencia en una reflexión cercana sobre aquello que nos sostiene cuando todo lo demás desaparece. Porque, al final, sobrevivir no consiste únicamente en llegar a tierra, sino en encontrar a alguien con quien merezca la pena atravesar el océano.
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