“La verbena de la Paloma”: Madrid vuelve a encender sus luces

“La verbena de la Paloma”: Madrid vuelve a encender sus luces

El verano madrileño tiene banda sonora, y pocas partituras saben evocarlo con tanta precisión como la de Tomás Bretón. Cuando comienzan a sonar los primeros compases de "La verbena de la Paloma", el escenario deja de ser simplemente un escenario: se convierte en una calle de Madrid, en una noche de fiesta, en un lugar donde los celos, el amor, la picardía y el humor se mezclan con la música. Así ha abierto su temporada el Teatro de la Zarzuela, recuperando la excelente producción que Núria Castejón presentó en 2024 y que conserva intacta su capacidad para seducir al público.

Sigue a MadridActual en Google
Añadir a mis fuentes favoritas

Antes de entrar de lleno en la zarzuela, nos encontramos con un delicioso aperitivo teatral: "Adiós, Apolo", prólogo cómico-lírico de unos treinta minutos escrito por Álvaro Tato. Y no es un simple añadido. Es una pequeña pieza con identidad propia que prepara el terreno emocional para lo que vendrá después.

Boletín horario Edición de las 12:00 Lunes 28 de septiembre

La última noche del Apolo

Estamos en 1929. En el Teatro Apolo se prepara la última representación de "La verbena de la Paloma" antes del cierre definitivo del mítico coliseo madrileño. Entre bambalinas, la compañía ensaya mientras el caos habitual de la profesión se apodera del lugar: actores con sus viejas maneras de hacer teatro, cantantes de fuerte carácter y artistas que ya conocen perfectamente cuáles son sus derechos y cómo defenderlos.

Tato convierte ese ambiente en un homenaje al teatro popular, a sus artistas y a su público. Los personajes ensayan, discuten y cantan, y por el escenario van apareciendo ecos musicales del género chico y de todo aquello que vino después. Pero bajo el humor se percibe una cierta melancolía: se está cerrando un teatro y con él parece desaparecer todo un mundo. Y justamente entonces, como si el telón se negara a caer definitivamente, comienza "La verbena de la Paloma".

Madrid y sus municipios, en tu correo. Suscríbete gratis y recibe cada mañana el boletín diario de Madrid Actual y, una vez a la semana, el resumen de noticias.

Una escenografía que hace respirar a Madrid

La historia no necesita demasiadas explicaciones: Susana y Julián viven una relación marcada por los celos y los desencuentros; Don Hilarión intenta disfrutar de la verbena en compañía de sus dos conquistas y, alrededor de ellos, se despliega ese pequeño universo madrileño de personajes, cotilleos, amores y conflictos que Ricardo de la Vega convirtió en retrato de una ciudad.

Pero uno de los grandes triunfos de esta producción está en la escenografía, sencillamente maravillosa. Las fachadas, los balcones, los comercios, los carteles antiguos, las ventanas iluminadas y los faroles construyen un Madrid reconocible hasta en el último detalle. La perspectiva consigue una profundidad magnífica y hace que la calle parezca continuar mucho más allá de los límites físicos del escenario. Y cuando llega la verbena, el espacio se transforma. Las guirnaldas de bombillas cruzan la noche, los banderines llenan el cielo y el escenario se puebla de mantones, chulapos y chulapas. La imagen resulta espectacular, pero nunca gratuita. Todo está al servicio de la acción y del ambiente. Es un enorme acierto de Castejón: la escenografía no ilustra la zarzuela, sino que la hace respirar. El Madrid de Bretón y Ricardo de la Vega está vivo.

la verbena de la pal 6

Un reparto vocal de auténtico lujo

La función a la que asistí correspondió al primer reparto, un elenco especialmente sólido en el que cada intérprete encontró su espacio y que permitió apreciar con especial nitidez tanto la calidad vocal como el carácter teatral de la propuesta.

Antonio Comas, como Don Hilarión, vuelve a demostrar por qué es un intérprete tan valioso para este repertorio. Con un saber estar soberbio, una comicidad natural y una voz perfectamente asentada. Su Don Hilarión tiene picardía, humanidad y ese punto de descaro que exige el personaje sin necesidad de caer en la exageración. Gerardo López, como Don Sebastián, ofrece una interpretación de gran solidez, combinando elegancia escénica y una voz de notable prestancia.

Pero el gran broche de oro lo pone Borja Quiza en el papel de Julián. Su voz, de gran belleza y proyección, encuentra en la técnica un sólido soporte, especialmente perceptible en los momentos de mayor exigencia. Quiza sabe dar al personaje el temperamento que necesita, pero también encuentra el lado más lírico y vulnerable de Julián. Su interpretación recuerda que detrás de la etiqueta de "género chico" existe una música de considerable riqueza vocal.

Carmen Romeu, como Susana, se muestra especialmente convincente. Posee una voz luminosa y expresiva y consigue que el personaje tenga carácter sin perder musicalidad. Milagros Martín, como Señá Rita, aporta experiencia, personalidad y una enorme naturalidad escénica.

El resultado del conjunto es un reparto que funciona con especial armonía y que permite disfrutar tanto de los momentos puramente cómicos como de los números de mayor vuelo musical.

Bretón, entre la fiesta y el lirismo

La música de Tomás Bretón es mucho más rica de lo que a veces permite apreciar su enorme popularidad. El compositor recoge ritmos, giros melódicos y ambientes reconocibles de Madrid, pero los convierte en una partitura cuidadosamente construida, llena de color, contrastes y detalles orquestales.

Ahí están números tan conocidos como "¿Dónde vas con mantón de Manila?", "Una morena y una rubia" o la escena de "Por ser la Virgen de la Paloma", que forman parte del imaginario musical español. Pero escuchados dentro de la obra completa adquieren otra dimensión: Bretón alterna la chispa popular con momentos de verdadero lirismo y sabe caracterizar musicalmente a sus personajes.

La dirección musical de Carlos Aragón responde bien a esa variedad. Hay ritmo en los números festivos, atención a los cantantes y una buena comprensión del carácter teatral de la partitura. La orquesta acompaña sin imponerse y permite que la música mantenga su frescura.

El Teatro de la Zarzuela comienza así su temporada mirando hacia atrás, pero sin quedarse atrapado en el pasado. Porque cuando aparecen los mantones, se encienden las bombillas y suena la música de Bretón, Madrid vuelve a ocupar el escenario y queda demostrado, una vez más, que algunas noches de teatro no pasan de moda: simplemente esperan a que vuelva a levantarse el telón.

Preguntas para el debate:

Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.

¿Crees que las producciones de zarzuela como esta tienen capacidad para conectar con el público actual, o son principalmente un ejercicio de nostalgia teatral?

¿Qué te parece que la escenografía sea tan determinante en una obra como esta para recrear la atmósfera del Madrid histórico?

Tu opinión es importante. Comparte tu punto de vista con respeto.

Comentarios (0)

Sé el primero en comentar esta noticia.

Escribe un comentario

Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.

La encuesta

¿Te gustaría asistir a esta representación de 'La verbena de la Paloma' en el Teatro de la Zarzuela?

0 votos

Encuesta generada con inteligencia artificial a partir de la noticia.