Solo soy un periodista que escribe desde un país que solo es relativamente importante en el concierto mundial. Pero creo que tengo derecho a expresarme, con todos los medios a mi alcance, sobre una cuestión que sospecho que me afectará, como a usted, y a mis hijos y nietos, como a los suyos.
España arrastra una paradoja laboral que se ha convertido en una de las grandes anomalías económicas del país. Mientras mantiene, sin maquillaje estadístico, la tasa de paro general, femenino y juvenil más elevada de la Unión Europea, miles de empresas siguen sin encontrar trabajadores para cubrir sus vacantes.
El 17 de enero de 1986, España e Israel establecieron relaciones diplomáticas. Cuarenta años después la relación oficial entre los dos países se encuentra en el limbo. La ausencia de los respectivos embajadores deja la representación en manos de los encargados de negocios.
Tramo final de la campaña andaluza. Las últimas encuestas coinciden en adelantar una mayoría del PP (55 escaños o más), cuyas siglas aparecen enterradas en el discurso y en la imaginería electoral del candidato, Juanma Moreno Bonilla.
Fui uno de los muchos ingenuos que, hace tres años, un mes y nueve días, allí, en el estadio Magariños, creí en la posibilidad de que la entonces (y ahora) vicepresidenta Yolanda Díaz llegase a convertirse en la sucesora de Pedro Sánchez en la presidencia del gobierno.
Dejándose llevar por la inercia de victoria que pronostican las encuestas, Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, ha vuelto a reiterar su intención de "derogar el sanchismo". Tan llamativo anuncio convierte la iniciativa en un compromiso político que habrá que ver sí se convierte en algo más que un deseo.
A los políticos habría que pedirles solo dos cosas: que se alineen con el sentido común y que no mientan. Ya sé que es un imposible porque la política se ha convertido en un esperpento al peor estilo español y amenaza con terminar con un drama que ya se ha empezado a escribir: la desafección de los ciudadanos.
Hubo un tiempo en el que España se jactaba de ser solidaria: récord mundial en donaciones de órganos y tal. Creo que, con los agrios debates internos a cuenta de la acogida a los pasajeros del Hondius, las dos Españas han ensuciado un poco aquel cuadro tan idílico que nos quisimos pintar.
La regularización masiva de inmigrantes está en marcha y, aunque está semana el Tribunal Supremo celebrará una vista en base a la denuncia presentada por la organización Hazte Oír, nadie del Gobierno ha mostrado el más mínimo coste sobre cómo esta decisión impactará en los servicios públicos y la cuenta de gastos del Estado.
El cisma entre las dos Españas se ahonda cada día más. Y la política exterior no iba, claro, a ser la excepción, aunque casi todas las democracias consolidadas tradicionalmente consideren que ese es terreno inviolable: esa política exterior corresponde a quien en ese momento gobierna en el Estado, y no caben excepciones.
Este modesto columnista es de los que realmente se creen la terapia sanadora del Estado de Derecho. Por lo tanto, vaya por delante que siempre asumirá y dará por bueno el mejor criterio de la Junta Electoral Central, donde ha ido a parar la denuncia que contra mí y contra el Diario Palentino formuló en su día Vox ante la Junta Electoral de Castilla y León por supuesta vulneración del artículo 53 de la LOREG (Ley Orgánica de Régimen Electoral General).
En España no hemos conocido una legislatura completa sin casos sonados de corrupción. Por contra, abundan las historias de políticos que se dejaron cegar por el mal de altura y acabaron saltándose la ley o dejándose arrastrar por el rio de las comisiones que salen bajo cuerda de empresas a las que se otorgan contratos en adjudicaciones amañadas.
He viajado estos días a Málaga y Sevilla, las dos ciudades que compiten por ser la 'capital de hecho' de Andalucía. He tenido la oportunidad de hablar con mucha gente, con algunos políticos de distinto signo, con numerosos compañeros de profesión, dedicados a seguir los avatares de una campaña en la que nadie ha dicho nada nuevo: ni una propuesta original, ni un mensaje revolucionario para una sociedad que se acomoda.
En esta España donde abundan los pelotas, los sumisos, los serviles, los tontos contemporáneos, y los frívolos, que creen que la política ni les coarta la libertad ni les mete la mano en los bolsillos, no todo son bueyes.
Estoy muy de acuerdo con comentaristas que, como José Antonio Zarzalejos, un buen conocedor del mundo de togas y puñetas, dicen que el 'juicio del año', el de las mascarillas, ha acabado en un espectáculo degradante, en el que algunos acusados, señaladamente Koldo García, han proferido desplantes hacia el tribunal o hacia los letrados.
En torno al caso de las mascarillas, visto para sentencia en la Sala Segunda del Tribunal Supremo, han aparecido poderosas fuerzas interesadas en que la verdad judicial, que es una categoría muy protocolizada en normas escritas previamente (leyes), quede enterrada por la verdad política, que es cambiante, casquivana y muy manipulable.
Todos los años por estas fechas nos toca "la dolorosa", hacer la declaración de la renta, el IRPF. La manera de financiar todos los servicios que recibimos, de ser solidarios con los que menos tienen, de garantizar el estado del bienestar, esa obligación moral de no dejar atrás a nadie.
Salimos de una y entramos en otra. Mira que es grande el planeta y no digamos el océano, en este caso el Atlántico, pero se desata un caso de un brote letal de hantavirus en un crucero y nos toca a nosotros la patata caliente.
Cuando un amigo cercano, un referente o incluso un enemigo cordial se te muere, se te abre un abismo en el alma: nunca más le verás, ya jamás compartirás con él o ella la indignación ante ciertas noticias, acabaron para siempre las discusiones políticas, la sana rivalidad por estar mejor informado/a.
Los objetivos de los fondos europeos eran claros. Se trataba de acelerar la modernización de la economía, reforzar la productividad y financiar reformas estructurales capaces de dejar una huella duradera.
En la España de nuestros días la crónica de tribunales se mezcla con el relato de la vida política. Hemos entrado en la fase definitiva del conocido "caso de las mascarillas" y, pese a que se multiplican los indicios que detectan prácticas presuntamente delictivas en las actuaciones de los acusados -el ex ministro de Fomento José Luis Ábalos y sus compañeros de banquillo-, crece la sensación de que sea cual sea la sentencia, en términos políticos, el asunto está amortizado.
Gabriel Rufian (1982, Santa Coloma de Gramanet) es el gran verso suelto de la política nacional. Un patito feo entre los suyos (independentismo catalán por lo identitario, izquierdoso por lo ideológico) y un demonio entre quienes acampan al otro lado de la barricada (derecha española y catalana, tanto da en idéntica insensibilidad a los padecimientos de las clases más desfavorecidas).
Pudiera ser que los dirigentes sindicales de Comisiones Obreras, y Unión General de Trabajadores, tengan una salud tan envidiable que, en los últimos meses, no hayan tenido necesidad de ir al médico.
Pensar que una declaración, por muy comprometida que fuese, de alguien ya tan desprestigiado como José Luis Ábalos, podría precipitar una caída de Pedro Sánchez era, es, lo que los americanos llaman un 'wishful thinking', o sea, un pensamiento ilusorio.