Ese hantavirus que hiela el corazón de las Españas

Ese hantavirus que hiela el corazón de las Españas

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Madrid 10 May.

Hubo un tiempo en el que España se jactaba de ser solidaria: récord mundial en donaciones de órganos y tal. Creo que, con los agrios debates internos a cuenta de la acogida a los pasajeros del Hondius, las dos Españas han ensuciado un poco aquel cuadro tan idílico que nos quisimos pintar. Hoy, este gran país nuestro mantiene inflexible la norma de dividirse en dos a cada oportunidad que nos llega, y el hantavirus no iba a ser una ocasión perdida para ejercitar este gran mal nacional que es el fraccionamiento irreconciliable. Quizá debamos ahora, ante todo lo que nos viene, considerar que hay cosas aún peores que este virus que nos ha deparado la oportunidad de vivir un hecho que sin duda dará lugar a más de una película, ya lo verán.

¿Peor que el hantavirus? ¿Peor que el Covid, ya que estamos? Creo que el espectáculo de miseria moral, de cobardía y de repaso a la corrupción --¿pretérita?-- que han significado los últimos días y semanas merecería una frase en mármol: España está ya lista para sentencia. Como casi lo están esos casos Kitchen y 'Mascarillas' que deberían tenernos a todo, pero más a nuestros representantes, algo abochornados. El hantavirus de la desvergüenza puede ser una pandemia que no existe aún ningún Fernando Simón que pueda diagnosticarla, ni juez del Supremo que pueda dictar un auto para general consuelo.

Entramos en una semana que debería servir para llevarnos a una reflexión acerca de si vamos por el buen camino, por una senda en regular estado o, como nos dicen los ámbitos monclovitas, por la mejor de las autopistas. Regreso de una comparecencia en la Feria del Libro de Teruel, donde he tenido la oportunidad, rara vez aprovechada por los periodistas, de hablar con mucha gente alejada de los cenáculos y mentideros del poder y de los poderes. Encuentro un clima de perplejidad que no es precisamente aquel de indignación que tomó la Puerta del Sol hace ahora exactamente quince años, pero que sí es preocupante: España es un país alienado, ajeno a la tarea de profundizar en nuestra democracia, pero que no olvida las trapisondas oficiales ni deja de percibir el desgobierno, aunque este se vista de actividad frenética.

Ya digo: mucho más allá de lo que dicten los jueces para Ábalos y compañía, o para Fernández Díaz y sus cuates, mucho más allá de quién gane y pierda en Andalucía, que es algo de lo que vamos a hablar no poco en los próximos días, la verdad es que España está lista para sentencia. Los clásicos dicen que tales sentencias ajenas a lo penal las dictan las urnas, que ratifican o rectifican una manera de gobernar y de comportarse. No estoy tan seguro de ello. Pienso que hay sentencias morales y, en cuanto a moralidad, o falta de ella, para ser exactos, la política española merecería una dura pena de regeneración. Pregunten, si no, por el fondo de esa polémica negra sobre qué hacer con los pasajeros del Hondius. También por esto a algunos se les debería caer la cara de vergüenza.


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