Madrid 10 May.
A los políticos habría que pedirles solo dos cosas: que se alineen con el sentido común y que no mientan. Ya sé que es un imposible porque la política se ha convertido en un esperpento al peor estilo español y amenaza con terminar con un drama que ya se ha empezado a escribir: la desafección de los ciudadanos. No es que la política, la forma de hacer polìtica no se entienda. Es que eso es lo que buscan los que la hacen hoy entre nosotros.
Es incoherente que llevemos tres años sin aprobar o ni siquiera presentar los Presupuestos Generales del Estado ante el Parlamento y que este Gobierno mueva miles de millones con argucias y engaños, incluso desviando fondos europeos para pagar las pensiones o asignando miles de millones a pagar las pensiones o a Defensa, siempre a espaldas del Parlamento, al mismo tiempo que dice que no va a subir el gasto en defensa, digan lo que digan Trump y la OTAN. Y lo es también que la oposición no denuncie lo que es un delito y un acto inconstitucional
Es incoherente que el Gobierno eluda de la misma manera el debate parlamentario en el Congreso y en el Senado, el control de sus actos y la asunción de responsabilidades por sus errores y utilice los decretos ley para sortear la falta de apoyos para debatir y aprobar leyes.
Es sangrante que mueran dos guardias civiles cuando perseguían a una narcolancha y que a su entierro en Huelva no acuda ningún miembro del Gobierno, aunque se desplacen a mítines en Andalucía todos los días. Ese mismo Gobierno que ya presenció no hace mucho hechos similares, ni ha dotado con más medios a esos hombres que se juegan la vida todos los días ni tiene la vergüenza de dar la cara.
Es indigno que los asesinos etarras salgan en libertad, de la mano de la consejera socialista de Justicia del País Vasco, usando la ley arteramente, incluso contra la decisión de la fiscalía y de la justicia. Beneficios extraordinarios a asesinos etarras que se niegan para cualquier otro delincuente y que sólo pueden obedecer a pactos secretos con el PNV y Bildu a cambio de sus votos en el Congreso. Como lo es que se niegue su condición de víctimas de terrorismo a dos policías heridos en los disturbios independentistas de Barcelona.
Es incoherente que el Gobierno abra una nueva oferta de empleo público -que crece el doble que el privado- con 37.000 plazas, para "digitalizar un 25 por ciento de los servicios que ofrece la Administración", al mismo tiempo que hay cuatro mil funcionarios que hace un año superaron los procesos selectivos pero que todavía no tienen plaza asignada y les mandan el sueldo a casa.
Es incoherente que el Gobierno acoja a los afectados por el hantavirus en Canarias por razones "morales y legales", le endose el marrón al presidente canario y a la presidenta madrileña y ni les informe ni les cuente la gravedad del problema, aunque allí se desplacen tres ministros.
Es un engaño que el Gobierno que llegó al poder para acabar con la corrupción intente desviar su responsabilidad cuando la corrupción le afecta de lleno y que el as en la manga sea siempre la Fiscalía General del Estado, -"¿de quién depende la FGE? Pues eso"- o el Tribunal Constitucional. Y que prepare ya el indulto al inhabilitado fiscal general anterior.
Es penoso que aquellos que llegaron como adalides de la transparencia lo oculten todo y hasta decreten como "secretos" los puntos más sensibles de la regularización de inmigrantes.
Es una farsa todo que ha sucedido en Indra -como en otras empresas privadas y públicas- donde cambiaron la presidencia, metieron con calzador a unos empresarios para que hicieran el trabajo sucio y ahora los echan, aunque con un beneficio de 900 millones de euros.
Es un bochorno que este Gobierno insista en blanquear a Delcy Rodríguez y siga ignorando a los venezolanos machacados por la dictadura venezolana.
Hay decenas más de hechos similares. Casi todo lo que sucede en estos momentos en nuestra política es incoherente, falso o sólo cierto en una pequeña parte. Pero tal vez lo peor es que el debate público siga dominado por la narrativa de incoherencias, mentiras y engaños y que todos nos lo traguemos sumisamente. Somos tan responsables como los que nos mienten.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.