El 17 de enero de 1986, España e Israel establecieron relaciones diplomáticas. Cuarenta años después la relación oficial entre los dos países se encuentra en el limbo. La ausencia de los respectivos embajadores deja la representación en manos de los encargados de negocios.
El origen del desencuentro remite al conflicto en la Franja de Gaza, la brutal ofensiva militar llevada a cabo por el Ejército israelí contra el enclave palestino gobernado por Hamas que se habría cobrado más de sesenta mil víctimas y que se inició tras el ataque contra el sur de Israel llevado a cabo por milicias de esta organización terrorista. Invasión que se saldó con el asesinato de un millar de personas, decenas de violaciones y la toma de dos centenares de rehenes.
El Presidente del Gobierno español, que calificó de genocidio los ataques a Gaza, ha venido liderando en la Unión Europea la posición más crítica al respecto de la política del gobierno de Israel. De hecho Pedro Sánchez abanderó el reconocimiento del Estado palestino que España reconoció en mayo de 2024. Desde entonces han sido frecuentes los cruces de descalificaciones entre los responsables políticos de uno y otro gobierno. El último incidente diplomático se produjo al hilo de la detención en aguas internacionales de los participantes de la bautizada como "flotilla de la libertad", una expedición de activistas pro palestinos entre los cuales viajaban algunos de nacionalidad española. El objetivo de la iniciativa era denunciar la actuación israelí en Gaza.
Finalmente este asunto se ha quedado en nada. Donde se están jugando con cartas mayores es en la Unión Europea. En Bruselas, Pedro Sánchez ha presionando para que la UE rompa el Acuerdo de Asociación con Israel. Para el Gobierno de Tel Aviv esto sería traspasar una línea roja existencial que va más allá de la política concreta, Israel es una democracia y sus lazos con Europa hunden sus raíces en la historia. Amén de España, solo Irlanda y Eslovenia han apoyado esta iniciativa. En el caso de España el desencuentro apareja la suspensión de contratos de material militar y tecnología avanzada que en cuyo balance comercial nuestro país sale perdiendo. También en el ámbito de la sociología porque se detecta el crecimiento de un sesgo antisemita inquietante. Sesgo que permea en las declaraciones de algunos dirigentes de partidos con representación parlamentaria.
A España no le interesa llevarse mal con Israel. Tampoco con Estados Unidos. Quienes ahora dirigen la política en esos países --Donald Trump y Benjamin Netanyahu-- pasaran. Y en el nuestro, también Pedro Sánchez. Más pronto o más tarde los políticos se desvanecen, pero los países, sus ciudadanos, continúan. Por eso lo más inteligente sería promover un acercamiento diplomático tanto con Washington como con Tel Aviv.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.