Si Canarias fuera Cataluña

Si Canarias fuera Cataluña

Salimos de una y entramos en otra. Mira que es grande el planeta y no digamos el océano, en este caso el Atlántico, pero se desata un caso de un brote letal de hantavirus en un crucero y nos toca a nosotros la patata caliente.

En este caso a Canarias por proximidad relativa a Cabo Verde -a tres días de navegación- que es donde está anclado el barco frente a la capital de este pequeño archipiélago cuyas autoridades niegan asistencia a los afectados alegando que carecen de recursos hospitalarios.

Y es entonces cuando interviene la Organización Mundial de la Salud- de polémico recuerdo por su gestión en los compases iniciales de la epidemia del COVID. La OMS interviene para pedir a España que se haga cargo del caso permitiendo la llegada del crucero a puerto canario. Petición que el Gobierno acepta. Una decisión que no comparte el presidente de Canarias (Fernando Clavijo) que rechaza la llegada del barco porque, según dice: "La decisión no obedece a ningún criterio técnico ni hay información suficiente como para mantener un mensaje de calma a la población ni garantizar la seguridad".

Clavijo denuncia que estuvo hablando con la ministra de Sanidad (Mónica García) pero que, en ningún momento, le habrían facilitado informes médicos que expliquen las circunstancias que rodean el brote ni el alcance potencial de contagios. También dice que su diálogo con la ministra no fue distendido. Denuncia improvisación. En resumen, se queja de que, sin contar con el gobierno insular, el Gobierno central ha tomado la decisión de permitir desembarcar a los cruceristas del barco afectado por los contagios -tres personas fallecidas y al menos otros ocho contagiados.

Canarias vive del turismo y es lógico que al Gobierno regional le preocupe un caso como este que abre los telediarios de los países de la Unión Europea y aunque sea por reflejo despierta la memoria del COVID. Pudiendo hacer bien las cosas desde el principio: ponderando los riesgos de la asistencia y eventual acogida hospitalaria a los contagiados y procurando la disposición favorable de las autoridades canarias, lógicamente preocupadas por el impacto de la noticia y el riesgo de alarmismo que pudiera generar ,se hace al revés: decisión tomada y después comunicada. No ganamos para sustos. Veremos en qué queda la cosa, pero en cada lance se aprecia el sesgo de quienes no pierden ocasión para perder la oportunidad de gestionar los problemas sin pensar en el color político de sus interlocutores.

Tengo para mí que sí el destino previsto del barco con los contagiados en lugar de Canarias fuera Cataluña no estaríamos hablando del caso en los términos en los que se cuela en la crónica política.


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