Quiso, entre otras cosas, dejar claro Pedro Sánchez este miércoles en el Congreso de los Diputados que la izquierda, hoy tan en disputa, es él.
Lo había dicho el expresidente del Gobierno Felipe González unas horas antes: "España no funciona".
El otro día leía un reportaje titulado "Los increíbles beneficios de sostenerse sobre una sola pierna" y no pude menos que exclamar: "coño, Sánchez".
En el ámbito de la derecha, hasta ahora, en términos prácticos, Vox solo había servido para privar de votos al Partido Popular lo que se traducía en oxígeno para Pedro Sánchez.
Hace unos días, la AIReF puso el dedo en la llaga sobre un problema frente al cual no parecía existir interés ni por parte del Gobierno ni de los sindicatos: la incapacidad temporal.
Arrostramos un invierno en el que las semanas se miden por borrascas y los días por desgracias provocadas por riadas que arramblan con todo.
Una querida colega dice que el recuento electoral en Aragón está cargado de adversativas.
Toda elección supone una lección. Para los que la quieran entender, claro.
Tras el resultado de las elecciones en Aragón quizá sea prematuro avizorar que estamos en el preámbulo del final del ciclo sanchista.
¿Qué es lo peor que nos puede pasar hoy? Para mucha gente, desde los más pequeños a los más mayores, que nos desconecten.
Y ahora, tras Extremadura, tras Aragón, les toca votar, el mes próximo, a dos millones de castellano-leoneses.
Los españoles asisten con estupor a una sucesión de tragedias que no pueden explicarse solo por la fatalidad.
Las elecciones en Aragón han puesto de manifiesto de nuevo una más de las muchas anomalías que se dan en la política española: la escasa relevancia de partidos, incluso algunos históricos, que quedan fuera del 'tripartidismo' (PSOE, PP y ahora Vox) dominante.
Si en la aproximación de vísperas al dictamen de las urnas aragonesas aparcamos la cantada continuidad de Jorge Azcón (PP) al frente del gobierno de la Comunidad, veremos que todo lo demás gira en torno al fenómeno de la extrema derecha y su irresistible crecimiento.
Reconozco que Carlos Alsina me arrancó una sonrisa cuando, refiriéndose a la actividad incesante de Pedro Sánchez, de Dubai a Bilbao para clausurar un congreso de industria, de la Andalucía anegada a Zaragoza para cerrar la campaña electoral, se preguntaba y nos preguntaba a los oyentes: "pero ¿quién dice que hay problemas de movilidad?".
Juan Carlos de Borbón, exiliado por circunstancias en Abu Dabi, quiere volver a casa. Sobre el papel no habría argumento legal para impedírselo pero la realidad es la que es y su presencia en España parece que sería origen de incomodidad en las altas esferas.
Si Dios o, al menos, el ministro Puente, no lo remedian, la semana próxima va a ser muy amarga para el Gobierno y, de paso, podría serlo también para todos nosotros: una huelga de tres días que prácticamente paralice los ferrocarriles (¡¡y en la era del ferrocarril!!) es algo difícil de digerir.
(OTR/PRESS9
He cumplido los suficientes años como para haber tenido tiempo de conocer a muchos soberbios de diversas especies.
Elon Musk luce en los medios, en las redes sociales y en los rankings empresariales como el hombre más rico del mundo.
Los accidentes ferroviarios han destapado la mala gestión de las infraestructuras y deberían dar lugar a un debate profundo en el Parlamento (si alguna vez vuelve a funcionar como lo regula la Constitución) y en la sociedad.
Todo cambia para que todo siga igual, como bien sabía el joven Tancredi Falconeri de "Il Gattopardo".
Y ahora, Elon Musk bate el récord. Bueno, habitualmente los bate todos, incluyendo, desde luego, algunos que a mí me parecen indeseables.
Se acabó el teatrillo. El Gobierno ha optado finalmente por aprobar por separado la subida de las pensiones, desenganchándola de otras medidas con las que pretendía forzar un relato interesado.
Al hilo de algunas de las dimisiones de dos altos cargos de las empresas responsables de los trenes de cercanías que circulan por Cataluña, Felipe González comentaba con ironía que se iban los que sabían y se quedaban los que no sabían.