Siempre he creído en vosotros. No en vano he hecho de paje vuestro durante muchos años, siguiendo vuestro encargo y vuestras directrices.
Consulto y nadie me dice si Pedro Sánchez emprendió este sábado un precipitado regreso a La Moncloa, a la vista de cómo el mundo se estremecía ante el ataque, que es "ilegal" (por lo menos) para una parte del Gobierno español, de Trump contra Venezuela.
Ene.
Me cuesta asumir un ataque de un país contra otro país extranjero, bajo ninguna circunstancia ni condición, mientras no esté tal ataque respaldado por la ONU y justificado en cuestiones extremas, como un genocidio.
La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, parece haber tomado ya una decisión que trasciende lo estrictamente económico para instalarse de lleno en el terreno político.
Ya no sorprende a nadie como jefe de un Gobierno tambaleante y un partido desactivado por su personalismo.
Ya se sabe que las 'good news' no son, en realidad, 'news'. No percibimos que la rutina, el nunca pasa nada, es, en realidad, una buena noticia cotidiana, rota estrepitosamente cuando llega la calamidad, como la tragedia de los Alpes suizos, tan dolorosa por el número y la cualidad de las víctimas, casi todos jóvenes a los que les quedaba mucho por vivir.
Entre otras novedades el año que estrenamos nos permitirá comprobar sí, como parece, Vox ha venido para quedarse.
Siempre he sido de bares y tabernas. El bar del barrio viene a ser como el casino de todos, sin tener que pagar cuota de ingreso, ni someterse al escrutinio de una junta directiva, que decide si eres digno de pertenecer al club.
Leo en uno de esos informes tan sensatos, de cuya autenticidad y rigor no me hago responsable, que los españoles engordamos entre dos y cinco kilos por Navidad, noche de fin de año incluida.
Difícil tarea la de encontrar las buenas noticias que no alumbró en la esfera pública, nacional e internacional, el año cancelado con el bullicioso subidón de la Nochevieja.
Siempre he pensado que sería una excelente idea, seguramente irrealizable sin que los políticos la prostituyeran, crear un nuevo cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia del máximo nivel que cada año analizaran el funcionamiento de todas las leyes vigentes y propusieran al Parlamento cuáles habría que derogar por innecesarias, obsoletas o desfasadas; cuáles por sus consecuencias y efectos negativos; y cuáles por su baja calidad legislativa o por haber conseguido el efecto contrario que se buscaba.
El año que despedimos también nos deja algunas buenas noticias. En el transcurso del acto de entrega de despachos a los integrantes de la 63ª promoción de fiscales del Estado - 76 en total- conocimos datos muy llamativos: el 75% por ciento de los nuevos miembros de la carrera son mujeres y nueve de ellas figuran entre los diez mejores expedientes de la promoción.
Esto que escribo hoy, en el tránsito entre el último día de un año y el primero de otro, no es la expresión de un deseo: para nada tengo clara la alternativa.
En su balance del año Alberto Núñez Feijóo habló del "colapso total del sanchismo", enumerando una decena de razones que avalarían dicho diagnóstico, pero descarta la catarsis política que aparejaría la moción de censura al Gobierno de Pedro Sánchez.
La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) ha elegido la subida del precio de la vivienda como el dato económico del año 2025, al considerar que resume una de las principales tensiones estructurales de la economía española y uno de los problemas sociales más acuciantes del país.
En su balance de fin de año, el líder del PP ejerció como única alternativa verosímil al todavía presidente del Gobierno.
Sí, 2026 va a ser con mucha probabilidad un año de impulso para lo que genéricamente viene llamándose 'las derechas'.
No es una costumbre original, pero cuando llega un nuevo año hay un montón de ciudadanos que elaboran unas cuantas propuestas que pretenderán llevar a cabo en los doce meses siguientes.
Los prebostes sanchistas están asustados. Y se les nota más aún cuando impostan "tranquilidad" y llaman "sus votantes" a quien ya no lo son por la muy simple razón de que les han dejado de votar.
Pedro Sánchez se fue de vacaciones sin decir una sola palabra sobre el hundimiento del PSOE en Extremadura.
¿Qué harán después de que se acaben las vacaciones y las buenas vibraciones de la Navidad, cuando vuelvan a la lucha desesperada por el poder, por mantenerlo o por alcanzarlo, cuando insistan en agitar los más bajos instintos políticos y la polarización, cuando se trate exclusivamente de salvar un proyecto personal, ni político ni de partido, aunque quemen toda la tierra que tengan delante? ¿Qué cuando dejen de fingir que les importan las personas y los derechos humanos? ¿Qué harán dentro de unos días cuando se vuelva a abrir un Parlamento devaluado intencionadamente y sin mayorías reales? ¿Qué cuando las instituciones que deberían servir a todos los ciudadanos -el CIS, RTVE, el Instituto Cervantes, el Tribunal Constitucional, las empresas públicas- se alineen con el Gobierno para servir los intereses de éste?
Nos hemos o nos han acostumbrado a que todo eso, incluidos los insultos y las descalificaciones personales, parezca "normal".
La cuesta de enero de 2026 amenaza con convertirse en una pendiente que ya no distingue entre meses ni entre clases.
Advertencia previa: anticipar lo que Pedro Sánchez, que es a quien compete hacerlo, piensa con respecto a la fecha de las elecciones generales es tarea complicada.
Este, cuando la actualidad amaina un poco y los próceres están de vacaciones, suele ser tiempo para que los comentaristas nos solacemos haciendo, en quinientas palabras, resúmenes del año que concluye y predicciones para el que viene.