“Las costuras invisibles”: un viaje a la vejez y los vínculos familiares

“Las costuras invisibles”: un viaje a la vejez y los vínculos familiares

La periodista y escritora Yeniter Poleo (Caracas, 1971), de nacionalidad venezolana y colombiana, fue finalista del Premio Nacional de Novela Corta en Colombia en 2018 con “Las costuras invisibles” (Ed. Tránsito, 2025), novela que llega ahora a España.

En ella se cuenta la historia de una joven adulta que debe cuidar de su abuela anciana –la Yaya– durante un fin de semana. Mientras tanto, sus tías y su madre se van a un retiro espiritual para reconectar consigo mismas. En el libro se describe cómo la nieta y la abuela realizan actividades cotidianas como pasear o tomar un helado… Estas escenas despiertan en la joven recuerdos sobre su abuela y la llevan a indagar en su memoria, tratando de comprender quién fue realmente esa mujer de la que ahora cuida.

“Las costuras invisibles” es una novela intimista compuesta por grandes saltos temporales utilizados para explicar la vida de la Yaya, de la nieta y de las hijas; también está atravesada por hechos que ocurren en el tiempo presente y que dan pie a reflexiones sobre la vejez, sobre la memoria y sobre la complejidad de las relaciones familiares.

La novela refleja de manera introspectiva la realidad que hay detrás del cuidado de una mujer mayor, que antes fue robusta y fuerte y ahora su fragilidad le impide llevar una vida independiente. Asimismo, en este libro se describe la vejez como una manera de volver a la infancia. La autora entiende la vida como una “pirámide invertida”, donde el ser humano en lugar de terminar un ciclo, antes de morir vuelve a ser alguien que necesita cuidados y aprender lo olvidado. Todo se da la vuelta: la madre pasa a ser la hija y viceversa: “son ahora ellas quienes tienen razón y punto, quienes toman las decisiones, compran los zapatos, pagan la consulta médica, la acuestan a dormir”. 

Los personajes de la obra están construidos en torno a la figura de la Yaya. Es a través de su vida como se va conociendo poco a poco al resto de los personajes. Además, muchas de las decisiones que toma la anciana afectan a la vida de las hijas. Yeniter Poleo describe la familia como esa “manta inmensa que nunca se termina de tejer” para decir que todas sus vidas están conectadas entre sí porque forman parte de la misma historia.

A pesar de que se cuenta todo en primera persona desde la perspectiva de la nieta, ella en un inicio apenas tiene protagonismo. Su presencia es un recurso narrativo excelente pues transmite mayor intimidad, pero también presenta los hechos de manera objetiva, ya que cuenta una vida que no es suya. Asimismo, esta narración tiene un efecto catártico, puesto que al revivir los recuerdos de su abuela, la nieta logra establecer una fuerte conexión con la Yaya, hasta el punto de verse dentro de su propia piel. Al final, esto provoca que ambas terminen siendo las protagonistas de un mismo relato.

Gracias a que la nieta se involucra tanto en la historia, cualquier mujer que lea esta novela es capaz de identificarla como suya. Este personaje, cuyo nombre no se menciona para otorgarle mayor universalidad, puede referirse a cualquier adulta que sufre, en tercera persona, las consecuencias de la vejez. Por otro lado, dentro del monólogo interior de la nieta, en ocasiones ella se dirige a su abuela. Le pregunta directamente sobre su vida, sobre sus decisiones, preocupaciones… Todo ello para generar esa proximidad emocional con los personajes.

Uno de los pilares que está presente a lo largo de la novela es la evolución del pensamiento de la nieta: pasa de ser una persona que afirma acordarse de cada uno de los hechos que han pasado por su vida a ser alguien que duda de su propia existencia. Su memoria inquebrantable empieza a desmoronarse, porque ella deja de distinguir entre lo que es ficticio y lo que es real. Este conflicto interno sucede porque la nieta consigue conectar con su abuela, cuya percepción de la realidad también es subjetiva.

Desde las primeras páginas, se percibe un estilo introspectivo, con un ritmo muy pausado que pretende dar paso a las emociones a través de una prosa muy cuidada y un texto donde apenas hay diálogo. Sin embargo, Yeniter Poleo ha sabido encontrar en su escritura un equilibrio entre la profundidad y la superficialidad que están presentes en nuestro día a día, para hacer el relato más realista y acercar todavía más la historia a quien la lee.

Hay elipsis muy marcadas a lo largo del relato como si lo importante dentro de la obra no fueran los acontecimientos que suceden en el tiempo presente. Los sucesos se cuentan encadenados uno detrás de otro porque pretenden demostrar simplemente el paso del tiempo, a excepción de los momentos más íntimos que vive la narradora con su abuela. Cuando aparece la Yaya en escena el tiempo se ralentiza. La autora describe cada pequeño detalle, cada instante de cordura, cada gesto y cada palabra de la anciana a través de los ojos de su nieta.

Nunca se recurre a una descripción física de la Yaya; sin embargo, esto no impide que se forme una imagen mental muy clara del personaje. De hecho, probablemente el lector evoque la figura de su propia abuela, convirtiendo, como ya se ha mencionado, la lectura en una experiencia íntima y muy emocional. Como dice Marta Sanz (Madrid, 1967) en el prólogo de “Las costuras invisibles”: “el texto de Poleo es bofetada y caricia” por la crudeza y la cercanía con la que se ha hecho el relato.

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