No pudo evitarlo. El tuitero del sanchismo se mostró en estado puro este viernes en una concurridísima rueda de prensa.
Ametrallado por las preguntas de los periodistas que le sugerían la dimisión como lógica salida política a la tragedia ferroviaria de Urda, el ministro de Transportes, Óscar Puente, se vino arriba en una oportunista comparación de su actitud con la actitud reservona de la entonces ministra Ana Pastor (PP) a la hora de dar explicaciones cuando se produjo el trágico descarrilamiento de Angrois (Compostela) en julio de 2013.
Fue una de las respuestas reiteradas sobre su posible dimisión. El fondo de su mal disimulado malestar por la insistencia (llegó a reñir a los periodistas por insistir en las mismas preguntas) quedó reflejado en la contundencia de su pedrada contra la oposición, a la que acusó de estar utilizando el sufrimiento de las víctimas como 'carnaza política'.
Y en cuanto a su posible dimisión estuvo racional, pero incurrió en el olvido flagrante de que lo emocional prima en la confianza entre gobernante y gobernado. A saber: 'Lo fácil para mí sería irme, pero eso no va con mi carácter ni es lo que me ha pedido el presidente'.
Ya, pero la confianza no remonta solo con una respuesta racional. Es evidente que la confianza en el transporte ferroviario 'se ha quebrado' en España, como el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha llegado a reconocer. Y eso también explica la insistencia de las preguntas que al ministro Puente se le formularon sobre su posible dimisión.
Se le puso frente a muy distintas circunstancias. Una de ellas, la de que su hipotética dimisión podría reconfortar a los familiares de las víctimas, aunque fuese por un puro efecto placebo. Y ahí volvió a salir un Puente en estado puro. No solamente rechazó la hipótesis ('No creo que eso sirviera para reconfortar a personas que han perdido un hermano, un padre, un amigo'), sino que casi llegó a considerar ofensiva la pregunta.
Una vez más olvidaba que la política también tiene sus protocolos. Y uno de ellos es la dimisión obligada cuando en tan pocos meses al responsable de los transportes se le vienen encima tantos muertos por accidentes de tren. Y es verdad que prestarse a informar y dar explicaciones sobre lo ocurrido 'para que no vuelva a ocurrir' no responde enteramente a los usos y costumbres de la política en un régimen de opinión pública como el nuestro.
En definitiva, las pormenorizadas explicaciones del ministro sobre lo ocurrido el miércoles pasado en el término municipal de Urda (Toledo) no lograron revertir la pérdida de confianza en el funcionamiento del tren en España. Sobre todo, si el propio ministro insiste en remitirse a la obviedad de que de los cielos abajo no hay sistema seguro al ciento por ciento.
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¿Crees que las explicaciones técnicas del ministro son suficientes para recuperar la confianza en el transporte ferroviario español, o consideras que la dimisión habría sido un gesto necesario ante la tragedia?
¿Te parece que Puente debería haber adoptado un tono más empático con los familiares de las víctimas en lugar de defender su permanencia en el cargo?
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