Puente, sobre aguas turbulentas

Puente, sobre aguas turbulentas

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El último disparate del ya de por sí disparatado mes de agosto ha venido con unas declaraciones del ministro Óscar Puente, hablando del tema 'tabú' de la sucesión de Pedro Sánchez y dando a entender, como en broma, que él no rechazaría el delfinato.

Una broma, ya digo, que ha servido para que algunos, mirando al dedo que señala la luna y no a la luna, polemicen acerca de lo impensable, aun sabiendo que lo impensable está siempre a las puertas de nuestra política.

 

No sé si Puente, que siempre navega sobre aguas turbulentas, actuaba esta vez como portavoz oficioso para acaparar la polémica haciendo olvidar otras cuestiones de mayor envergadura; pero sí sé que, con o sin maniobras orquestales en la oscuridad, el dislate se ha instalado en nuestra política de una manera casi inevitable.

Es cuando menos significativo que la 'autopostulación', o lo que sea, del ministro más lenguaraz y, ejem, discutible, haya llegado precisamente cuando las largas vacaciones oficiales llegaban a su fin. Con un Consejo de Ministros y el Consejo de Seguridad reuniéndose -un mes después de la 'invasión' de Ceuta- y con la primera de las cinco declaraciones ministeriales ante el Congreso por este motivo -también un mes, nada menos, con el Parlamento sin parlamentar-.

¿Maniobra de distracción? En todo caso, estas 'maniobras', a las que tan aficionados son los de la guerrilla de asesores de La Moncloa, tienen el recorrido muy corto. El regreso del veraneo 'maretoniano' supone que los mismos temas, agravados por la crisis de Ceuta, siguen pesando sobre un Gobierno ya de inverosímil supervivencia: ahí están, como el dinosaurio de Monterroso, al despertar del sueño vacacional, las cuestiones judiciales que aún quedan por estallar y resolverse. Y una crisis de Estado que, como la situación en Ceuta, está muy lejos de normalizarse.

Francamente, yo quería esperar alguna acción más contundente por parte de Sánchez ante este retorno a la 'actividad'. Pero la política española es así, banal: discurre entre las 'okurrencias' de Puente y el 'chao pescao' de la presidenta madrileña tratando de clausurar la polémica por su famoso piso. El retorno es, así, triste, como lo fue la diáspora: ¿será eso, la turbulencia permanente, la normalidad que nos venden?

 


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.

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