Asumir la responsabilidad política derivada de los fallos en la gestión de la tarea que les haya sido encomendada figura entre los usos y costumbres de los gobernantes de los países democráticos. En ese registro, España tiende a consolidarse como excepción. Que tras el accidente sufrido por los trenes de alta velocidad -una tragedia que ha provocado la muerte de 69 personas- el ministro de Transportes, Óscar Puente, no haya presentado la dimisión resulta exasperante. Una indignación que acumula motivos porque ya tenía que haber renunciado al cargo hace nueve meses tras el accidente de Adamuz, que costó la vida a 46 viajeros. No lo hizo entonces y, de momento, tampoco ahora, pese a la farisaica declaración del presidente del Gobierno describiendo lo sucedido como un hecho 'inasumible'. Digámoslo pronto: Puente no dimite porque en esa simbólica rendición de cuentas que aparejaría la renuncia tendría que seguirle el propio Pedro Sánchez, que es quien le nombró para hacerse cargo de un ministerio del que también fue titular José Luis Ábalos, dirigente socialista que se encuentra en prisión cumpliendo condena por malversación, cohecho y tráfico de influencias.
La investigación técnica abierta para esclarecer las causas de los fallos de los sistemas de control de los trenes y los posibles errores cometidos por quienes operan dichos sistemas está en marcha. Y también la judicial, que tratará de establecer posibles responsabilidades penales. Conocer los resultados de uno y otro proceso llevará su tiempo.
Mientras tanto, como sociedad avanzada, los españoles nos merecemos una explicación de por qué la gestión del Ministerio de Transportes les ha sido entregada a personajes -Ábalos, Puente- que han demostrado una incompetencia alevosa. El primero colocaba a sus amantes en el ministerio y el actual dedica parte de su tiempo a tuitear insultos. Deben una explicación que, en términos políticos y con arreglo a los usos y costumbres de los países democráticos, en el caso del actual ministro pasa por la dimisión. Cuesta creer que Pedro Sánchez vaya a mantenerlo en el cargo pensando en la conveniencia electoral. Aunque, dada su trayectoria, esquiva a la hora de asumir errores, no conviene crear muchas expectativas. En cualquier caso, lo verdaderamente inasumible es que Óscar Puente siga siendo ministro.
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¿Crees que la dimisión del ministro de Transportes es necesaria para que se asuma la responsabilidad política tras los accidentes ferroviarios ocurridos?
¿Qué te parece que en democracias avanzadas como la nuestra los responsables de tragedias como estas no presenten la renuncia al cargo?
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