En cierto sentido, el PP se traiciona al uncir en algunas provincias sus listas al Senado con candidatos de Vox, pero la política es pragmatismo y el acuerdo táctico que han alcanzado es la respuesta -pacto contra pacto- a uno similar y anterior del PSOE con la miríada de partidos del bautizado como Frente Amplio.
Sánchez santifica su acuerdo con comunistas y grupúsculos de izquierda y demoniza el del PP con Vox. Consejos doy que para mí no tengo.
Núñez Feijóo, cuando le preguntan por la contradicción que supone haber dicho en alguna ocasión que no pactaría con Vox, se defiende argumentando que lo que está en juego el 29 de noviembre es licenciar a Pedro Sánchez. Para el líder de los populares, ese objetivo está por encima de cualquier otro.
Viene a decir que, de disponer de mayoría propia suficiente, no habría aceptado entrar en tratos con Abascal, pero que la política es así y a veces un dirigente se tiene que tragar sus propias palabras. Sabidas las diferencias que separan a Vox del PP, la incógnita reside en esperar a ver cómo responden los votantes de uno y otro partido ante el hecho novedoso de ese acuerdo para optimizar las papeletas del Senado. Circunstancia que no se producirá con las del Congreso, en cuyas listas van por separado.
Por decirlo en términos coloquiales, el acuerdo ha sido ideado para intentar evitar que la lista común del PSOE con todas las fuerzas que se sitúan a su izquierda consiga robarles la cartera, impidiendo que el PP pudiera volver a hacerse con la mayoría en el Senado.
Está por ver el resultado de una iniciativa que en sí misma puede desconcertar a votantes de uno y otro partido por el hecho de que en algunas provincias no presenten candidatos -tres en el caso del PP, seis en el de Vox-. La enconada batalla entre la izquierda y la derecha por el Senado, hecho sin precedentes, tiene una explicación a la vez lógica y al tiempo lamentable.
Sabido que la Cámara Alta tiene potestad para nombrar magistrados del Tribunal Constitucional y que se da el caso de que cuatro de sus magistrados han rebasado ya la edad de jubilación, unos y otros, PP y PSOE, tratan de asegurarse la mayoría que permitirá decidir dichos nombramientos. Lo lamentable, por no decir lo triste, es que, llegado el momento, todos sabremos de qué pie cojearán los elegidos.
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