Que Felipe González haya anunciado que el próximo 29 de noviembre votará en blanco porque no se siente representado es una sorpresa a medias. Sus críticas a Pedro Sánchez eran conocidas. Pero, sabido lo que Felipe ha sido y significado para el PSOE, el anuncio tiene que haber provocado un desgarro entre la grey socialista alejada del círculo de aduladores de Sánchez.
Porque sin la figura de González como líder del partido no se puede explicar la historia reciente de una fuerza política que en diferentes legislaturas ha marcado el destino político de España. Y también buena parte de su transformación y rumbo hacia la modernidad.
Felipe lo fue todo en el PSOE y con él al timón el partido alcanzó niveles de representación democrática superiores a los de cualquier otro líder: 202 diputados en 1982.
El contraste con los resultados obtenidos por Pedro Sánchez habla por sí solo. No habría que descartar que fuera el oscuro origen de un subterráneo complejo de inferioridad. A Felipe le querían dentro y fuera del PSOE. Es un político respetado que puede salir a la calle sin topar con la hostilidad que concitan otros y al que propios y ajenos siempre han reconocido por su nombre de pila. Siempre ha sido, sin más, Felipe.
Cuando empezó a criticar los vaivenes políticos de Sánchez -el más sonoro: cuando se manifestó públicamente contra la concesión de amnistía a los condenados por el intento de golpe del 'procés'-, algunos ministrillos y personajes menores del retablo de palmeros del actual secretario general del PSOE, secundados por tribunas mediáticas antaño tenidas por 'felipistas', se dedicaron a desacreditar su figura llegando hasta la infamia de acusarle de fascista. Una vileza perpetrada en el mejor estilo de la escuela leninista, pero que no ha conseguido calar fuera de los ámbitos sectarios que cobijan algunas tertulias radiofónicas y televisivas. Que Felipe haya explicado con claridad por qué tiene intención de votar en blanco aporta un elemento que invita a la reflexión acerca del momento político por el que atraviesa España. Porque no es la suya una voz menor que vaya por la vida escasa de eco.
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¿Crees que el voto en blanco de Felipe González puede influir en otros votantes socialistas descontentos con la dirección actual del partido?
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