Rosa Ribas

Rosa Ribas explora los límites del miedo y la culpa en “Todos duermen”

Rosa Ribas explora los límites del miedo y la culpa en “Todos duermen”

¿Qué sucede cuando el miedo termina ocupando todo el espacio de una vida? Esta es una de las preguntas que plantea “Todos duermen” (Tusquets, 2026), la nueva novela de Rosa Ribas (El Prat de Llobregat, Barcelona, 1963), que sitúa a una mujer frente a las consecuencias de una tragedia familiar y las incertidumbres que todavía rodean aquel episodio. Ana ha perdido a sus padres en un accidente de coche y, desde entonces, permanece encerrada en la planta superior de la vivienda familiar. Su incapacidad para salir a la calle condiciona sus movimientos, sus relaciones y hasta la manera en que interpreta el pasado. A medida que avanza la narración, lo que parecía una historia sobre las secuelas de una pérdida se transforma en una búsqueda de respuestas que amenaza con alterar todo aquello que la protagonista considera seguro. 

Ribas elige una situación de partida que permite explorar la dimensión cotidiana del sufrimiento. Ana no vive aislada en un lugar desconocido, sino en la casa donde creció, rodeada de recuerdos que mantienen presente a su familia. Su madre era violinista y su padre formaba parte de una vida que desapareció de manera abrupta. Los espacios domésticos conservan las huellas de ambos: los muebles, las partituras, las fotografías… La protagonista encuentra en ellos una continuidad con el pasado, pero también una fuente constante de inquietud. El hogar –y lo que parecía su hogar seguro– se convierte en un espacio donde cada detalle despierta una pregunta.

Que la autora de “Todos duermen” haya elegido a Ana como narradora es determinante. El lector conoce los acontecimientos desde su perspectiva y accede a una conciencia marcada por la ansiedad, los recuerdos y una necesidad casi obsesiva de encontrar explicaciones. Su mirada es minuciosa, ordenada y, en ocasiones, irónica; se detiene en detalles que otros personajes consideran irrelevantes y busca en las palabras una manera de organizar aquello que no comprende. 

Ana es traductora y trabajar con el lenguaje le permite establecer relaciones, encontrar matices y mantener una actividad intelectual cuando el resto de su vida parece detenido. Pero esa misma atención puede convertirse en una trampa. La narradora necesita interpretar cuanto sucede a su alrededor, aunque no siempre dispone de la información necesaria para hacerlo. Esta distancia entre su capacidad de observación y sus dificultades para comprender la realidad sostiene buena parte de la incertidumbre narrativa.

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Uno de los puntos álgidos de “Todos duermen” es la manera en que Rosa Ribas construye las relaciones entre sus personajes. La convivencia entre Ana, Elisa y la abuela está atravesada por el afecto, la culpa y las dificultades para comprender el sufrimiento ajeno. La autora evita las interpretaciones sencillas y muestra cómo las buenas intenciones pueden convivir con actitudes que limitan o agravan el malestar de los demás. De este modo, los vínculos familiares adquieren una profundidad que va más allá de la propia intriga.

La novela combina una prosa cuidada y directa con repeticiones, enumeraciones y frases breves que transmiten la tensión de sus personajes, y Ribas demuestra el dominio del suspense. El agua, además, adquiere una presencia recurrente que refuerza la atmósfera de angustia y conecta la experiencia física de la protagonista con sus recuerdos. Así, la forma narrativa acompaña el estado emocional del personaje sin explicaciones innecesarias: con pocas palabras, la autora todo lo explica; el lector todo lo entiende.

En “Todos duermen”, Rosa Ribas construye una novela que encuentra en la complejidad de sus personajes y en el control de la narración sus principales fortalezas. El miedo, la memoria y los secretos familiares articulan un relato en el que las relaciones personales tienen tanto peso como las incógnitas. La escritora catalana confirma su capacidad para sostener una trama de suspense sin renunciar al análisis de las emociones y las contradicciones humanas. El resultado es una lectura inquietante, en la que descubrir lo sucedido importa tanto como comprender las razones que han llevado a los personajes a convivir con aquello que prefieren no nombrar.

@estaciondecult

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