La visita del Papa León XIV ha generado una especie de paréntesis pero, así que emprenda vuelo de regreso a Roma, volverá nuestra diaria ración de crispación, demagogia y pérdida de oportunidades para intentar resolver los problemas más urgentes del país: la falta de viviendas, la precariedad salarial, las listas de espera, la emigración no regulada y el goteo de casos de corrupción.
¿Qué más tiene que pasar para que termine la agonía política de este Gobierno? Hemos escuchado tantas veces esta pregunta sin que cambie el escenario que nadie espera otra salida que la lenta extinción de una legislatura parlamentariamente agotada. Un callejón sin salida que desespera a la oposición porque PP y VOX no disponen de respaldo parlamentario suficiente como para tumbar en votación al Gobierno y porque Pedro Sánchez se atrinchera. No puede presentar Presupuestos porque no cuenta con respaldo suficiente pero sabe que las minorías -las de izquierdas y las de derechas- viven de atemorizar a sus respectivas parroquias con el miedo al lobo que es como presentan a Vox con Santiago Abascal como futuro vicepresidente de un gobierno con Alberto Núñez Feijóo en La Moncloa.
En relación con la corrupción guardan silencio los últimos señalados. En el PSOE, su gerente Ana María Fuentes y su presidenta Cristina Narbona, citadas como testigos a resultas de la investigación llevada a cabo por la Guardia Civil sobre la trama ideada para desestabilizar procedimientos judiciales que afectaban al PSOE o al Gobierno. Con esta agenda judicial apretando, cabe pensar que Pedro Sánchez no está atravesando por su mejor momento. Se entiende que aprovechara un concierto en Barcelona para darse al Falcón y alejarse del Madrid por cuyas calles no puede pasear sin ser abucheado.
Así las cosas, cuesta entender por qué ningún ministro o dirigente socialista - al margen de García Page- no se atreve a decirle que la cosa no da para más. Que debería convocar elecciones para que los ciudadanos decidan si merece o no la pena seguir así.
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