Un artículo de especialistas advierte que la mayor frecuencia de incendios provocará agudizaciones respiratorias y trastornos psicológicos.
Un artículo de los médicos de Familia José Luis Ramón Trapero, Lucas Matute Zigarán e Ibon Mendiolagaray Bilbao ha mostrado que la mayor frecuencia de incendios "desencadenará nuevos cuadros clínicos que exigirán un abordaje específico desde la Medicina Familiar y Comunitaria". El trabajo, publicado en la revista especializada 'Actualización en Medicina de Familia' (AMF) de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC), recoge que se producirán agudizaciones de patologías respiratorias y oculares, ansiedad y estrés postraumático.
Los autores han señalado que va a ser necesario un seguimiento longitudinal, ya que este es "un desafío sanitario" que "afectará de forma creciente a la actividad de la Atención Primaria". "El cambio climático se ha convertido en una crisis sanitaria de magnitud global, ya que el aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y la alteración de los patrones de precipitación han creado el escenario propicio para la proliferación de grandes incendios forestales", han expuesto.
Los grandes incendios provocan el incremento de las intoxicaciones por inhalación de humo, las lesiones de la vía aérea, las quemaduras y las afecciones oculares provocadas por el humo y las partículas en suspensión. La intoxicación por monóxido de carbono, principal causa de muerte inmediata en los incendios, y la lesión por inhalación de humo constituyen dos de las principales urgencias que deberá reconocer el conjunto de facultativos.
Entre un 10 y un 30 por ciento de los pacientes que sufren una intoxicación por monóxido de carbono pueden desarrollar un síndrome neurológico tardío, con deterioro cognitivo, alteraciones de la marcha o cambios de personalidad semanas después del episodio agudo.
En el ámbito respiratorio, han alertado del aumento de las agudizaciones de patologías crónicas, así como del desarrollo de hiperreactividad bronquial, bronquiectasias o limitación crónica al flujo aéreo en pacientes expuestos. Las consultas de Atención Primaria también deberán atender con mayor frecuencia irritaciones oculares, queratoconjuntivitis y otras lesiones derivadas de la exposición al humo y las cenizas.
El estudio ha advertido de la elevada incidencia de crisis de ansiedad, ansiedad patológica, depresión y trastorno por estrés postraumático (TEPT). Los autores consideran que el seguimiento continuado que caracteriza a la Medicina Familiar permitirá detectar precozmente estos problemas, intervenir de forma temprana y coordinar, cuando sea preciso, la atención con los servicios de Salud Mental.
El análisis ha detallado que una pulsioximetría normal no descarta una intoxicación grave por monóxido de carbono, ya que esta técnica convencional no diferencia la carboxihemoglobina de la oxihemoglobina. Por ello, se defiende la incorporación de pulsioxímetros o gasometría en los centros de salud cuando sea posible. "La exploración clínica continúa siendo determinante para sospechar una lesión por inhalación de humo", han manifestado los expertos, señalando que la presencia de hollín en la orofaringe, vibrisas nasales quemadas, esputo carbonáceo, disfonía o estridor deben alertar sobre una posible afectación de la vía aérea que requiere actuación urgente.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.
Comentarios (0)