Dicen que el aplauso que premió este lunes el discurso de León XIV en el Congreso de los Diputados, seis minutos y cuarenta segundos, fue el más largo en la historia de la Cámara Baja. No era para menos. Era la primera vez que un Papa visitaba la sede del poder legislativo en España, y, por supuesto, era la primera vez que un líder espiritual se arrancaba con un parlamento que muchos diputados y senadores asistentes consideraron de alto valor moral y político. Todo un alegato en favor de la paz, de la convivencia en las reglas internacionales, de los derechos de los migrantes, una crítica a la polarización. Y también fue un mensaje más 'clásico' contra el aborto y la eutanasia.
Por supuesto, no todos los parlamentarios -por ejemplo, los de Izquierda Unida- aplaudieron con igual calor y entusiasmo las palabras de León XIV/Prevost. Y algún grupo, como Podemos, se ausentó. Pero en el hemiciclo, como en torno al propio viaje del Papa a España, pudimos ver una unidad como pocas veces la habíamos visto en torno a otras materias, incluyendo la presentación ante las Cortes de la Princesa de Asturias como futura heredera del trono.
Al discurso del Papa asistieron, juntos, el presidente de la patronal y los principales responsables sindicales; allí estaban las altas instituciones del Estado (no todas, desde luego, y faltaron, como ex presidentes, Felipe González y JoséLuis Rodríguez Zapatero) y el Gobierno en pleno. Había cientos de periodistas acreditados: nadie quería perderse la primera visita en la Historia del Sumo Pontífice al poder legislativo.
Las palabras de Prevost pueden interpretarse de muchas maneras y considerar que pueden dirigirse a muchos: "el derecho debe servir al bien, la justicia pone límites a la fuerza, el poder necesita legitimidad, los pobres pertenecen plenamente a la comunidad, el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía". ¿Quiénes pueden ser los destinatarios de tales consideraciones? ¿O de otras como que "la pluralidad política no debería degenerar en la descalificación permanente del a adversario"? O ¿cómo no interpretar como una crítica en toda regla a las conductas de quienes gobiernan el mundo palabras como estas: "las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera"?
Pero, pese al valor de las consideraciones del Papa, lo más significativo, a mi juicio, fue esa unidad parlamentaria a la que más arriba me refería. No es habitualmente el Congreso de los Diputados un modelo de sosiego ni es precisamente el edificio donde, dijo el Papa, "se da forma jurídica a la convivencia social". Por eso resultaba casi inédito el clima observado, con muy escasas excepciones, en una Cámara expectante por escuchar al Papa, y deseosa de aplaudirle largamente.
Esta está siendo, hasta el momento, la tónica de la visita papal a España. Buena organización, sin peleas visibles entre los estamentos de poder -lo cual es muy rara avis, por cierto- y colaboración ciudadana, junto a una presencia bastante notable y más bien entusiasta de jóvenes en todos los actos. Ignoro si las etapas en Barcelona y en Canarias, que se presentan con algunos puntos conflictivos, romperán la tónica de lo que hasta ahora ha venido siendo la visita más seguida y aclamada de un Papa a nuestro país. En todo caso, y por ceñirnos al tema, Prevost no entró este lunes al Congreso por la Puerta de los Leones, pero León XIV ha sido la estrella indiscutible de una jornada parlamentaria por una vez gloriosa.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.