Nos acercamos a la cita con las urnas del 29 de noviembre con una notable presión política ambiental y una serie de actos violentos sin precedentes. Incluida una convocatoria de huelga general en vísperas del inicio de la campaña: un dislate que debería pasar factura en términos de reproche social a CC.
OO. y UGT, los sindicatos convocantes. Como preámbulo de protestas llevadas al espacio público, hemos asistido ya a diversas manifestaciones convocadas para protestar por los desahucios, que culminaron en una acampada ilegal en la Puerta del Sol de Madrid que lleva camino de eternizarse ante la pasividad de las autoridades, que se niegan a desalojarla.
La tensión que este tipo de acciones instala en la calle mutó en algarada en Barcelona el pasado fin de semana cuando grupos de jóvenes encapuchados, vestidos de negro, tras saquear comercios y quemar mobiliario urbano aterrorizando a la gente, se enfrentaron a la policía autonómica, desbordada ante la violencia de los alborotadores, en su mayoría jóvenes y muchos de ellos menores de edad. Las algaradas, que derivaron en actos de pillaje y vandalismo, fueron convocadas a través de TikTok y otras redes sociales ante la incomprensible inopia de la policía.
Y en Bilbao, el lunes, como en tiempos que creíamos olvidados, grupos de jóvenes radicales -la 'kale borroka' de infausta memoria- volvieron a sembrar el caos quemando contenedores y coches y atacando a la policía. Por su estética y su forma de actuar, son grupos de extrema izquierda radical.
Es pronto para saber si existe algún tipo de relación causal entre estos acontecimientos violentos, quién o quiénes están detrás y a quién puede beneficiar el clima de temor que actos de esta naturaleza pueden instalar en el ánimo de muchos ciudadanos en vísperas de acudir a votar en unos comicios que, en razón de la polarización del escenario político, se perfilan como un plebiscito -'Sánchez sí, Sánchez no'- antes que como un examen a la gestión del Gobierno y a las alternativas que ofrece la oposición. Llamativo el silencio del ministro del Interior ante tanta violencia en puertas de unas elecciones.
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