Claman desde el Gobierno y sus terminales mediáticas contra la "prioridad nacional - el mantra de Vox - intentando estigmatizar a Núñez Feijóo porque el PP ha pactado con Abascal en Andalucía, Aragón, Extremadura y Castilla y León, pero tragan con las "prioridades de los nacionalistas" que les imponen ERC, Bildu y Junts.
Ya no se trata de la ley del embudo y la doble vara de medir, de lo que se trata es del desprejuiciado manejo de las palabras al servicio de un objetivo de poder en el que el cinismo todo lo ampara y justifica.
Está en juego un cambio de ciclo -el desenlace se producirá en las próximas elecciones- y esa circunstancia extiende incertidumbres próximas al pánico en las filas de un PSOE cuyos sumisos diputados y concejales ven peligrar su futuro. Como ya han podido comprobar los cientos de dirigentes autonómicos que pasaron a la oposición o directamente se han quedado sin empleo. Las reiteradas llamadas de Emiliano García-Page, presidente de Castilla La Mancha, emplazando a Pedro Sánchez a qué convoque elecciones y no las haga coincidir con los comicios municipales previstos para el de junio de 2027 proceden de una misma preocupación: el temor a qué sean los alcaldes y candidatos a concejales quienes reciban el castigo que los electores destinado a Pedro Sánchez. Que paguen por los errores del Gobierno y les pasen factura por las ley de Amnistía, la rebaja de la malversación, los indultos y demás concesiones a los separatistas catalanes o las vergonzosas excarcelaciones de presos de la banda terrorista ETA como pago al apoyo que Sánchez ha recibido de Bildu a lo largo de la legislatura.
Dicha preocupación se acentúa en la medida en la que en los sondeos de intención de voto la suma de PP y Vox roza los doscientos diputados mientras que el PSOE comparece estancado en el entorno del centenar; Sumar se descompone y las pequeñas formaciones de izquierda apenas sobreviven, circunstancia que aleja la posibilidad de repetir la operación Frankenstein. Y ni siquiera es un cuadro estable .La cosa puede ir a peor. La saturada agenda judicial trabada en casos de corrupción que afectan al PSOE y al entorno presidencial puede ir agravando la situación abocando a Pedro Sánchez, a la desesperada, a retrasar la convocatoria de elecciones para intentar retener el poder en los momentos posteriores a algunas de las sentencias de las que podrían derivarse condenas a personas de su entorno familiar. Llegado el momento, mejor estar todavía en La Moncloa.
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