Claro, estamos con la futbolmanía y no nos enteramos

Claro, estamos con la futbolmanía y no nos enteramos

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Supongo que un campeonato mundial de futbol sirve para muchas cosas. Como elemento integrador, desde luego; para aglutinar reacciones contra lo que dice Rajoy, también. Y, por supuesto, para tapar algunas cosas que ocurren tras el 'pan y circo' que nos legó Juvenal.

Porque aquí están pasando muchas, muchas cosas, y apenas nos enteramos, si es que no las enterramos al conocimiento de la opinión pública, que sería peor.

Lo primero de todo, las disculpas. Cuando esto redacto me preparo para asistir, con mi familia francesa -cada cual enarbolando sus banderas--, a la retransmisión de un partido España-Francia que a todos nos apasiona, faltaría más. Comparto que el futbol es lo más importante (en estos momentos) de lo que no es importante, aunque yo diría que el espectáculo rey está adquiriendo unas dimensiones tales que un ex presidente del Gobierno es capaz de provocar un conflicto diplomático por haber escrito algo inconveniente e inexacto, pero estimo que tampoco digno de tal escandalera.

O sea, que naturalmente que me interesa, incluso hay días en los que me apasiona, el futbol. Pero descubro que, bajo la parafernalia, existen maniobras orquestales en la oscuridad: hay que dejar listas algunas cosas antes de las elecciones generales, sean cuando sean, y, aquí y ahora, antes de las autonómicas y municipales de mayo. Así que no es solo la regularización de inmigrantes y la 'ley de nietos' (y hasta de biznietos) lo que se agiliza; también no pocos planes municipales que requieren, para bienestar de alcaldes y corporaciones municipales (y constructores), de una rápida aprobación. En mi ciudad, sin ir más lejos, se promueve estos días ya semi agosteños un pleno municipal para aprobar un nuevo Plan que supone la construcción de otras cinco mil viviendas.

Con agostidad y alevosía se hurtan a la ciudadanía el debate y el protagonismo que debería tener en las decisiones que le afectan. Y no es que yo, por ejemplo, esté en contra de la regularización de inmigrantes ilegales, hasta ahora una vergüenza que delataba la existencia de una importante economía sumergida, ni tampoco de la 'ley de nietos', que me parece que tienen derecho a sentirse españoles, como nosotros lo tenemos a enorgullecernos de que quieran serlo.

De lo que estoy en contra es de la chapuza nacional, de que no se debatan lo suficiente todos los aspectos relacionados con estos pasos importantísimos: educativos, sanitarios, habitacionales, de transporte... Hay una prisa 'preelectoral' por aprobar unas normas que cambiarán la superficie poblacional del país, y nos lo cuelan de rondón, haciéndonos así sospechar que se pretende una alteración del censo en beneficio inmediato del actual gobernante.

Y lo mismo digo a los niveles autonómico y municipal. Puede que, cuando sea irreversible, nos hallemos ante unos hechos consumados en cuanto a planes de Ordenación Urbana, por ejemplo, u otros proyectos ciudadanos que necesitarían mayor meditación y planificación. Es, ya digo, la chapuza nacional, que siempre discurre en beneficio de alguien, como esas obras que se inician ahora apresuradamente, perfectamente innecesarias, para inaugurarlas con brillantez semanas antes de ir a las urnas de mayo.

Sí, los españoles somos una nación poco vigilante con los detalles, incapaz de creer que nos estén dando, intencionadamente, gato por liebre. Y si, además, lo que se prepara se hace en estos días caniculares, en los que todos vamos, tras la playa, con nuestras camisetas nacionales a congregarnos ante los televisores de los bares, pues mucho mejor para quien todo lo planifica 'pro domo sua'. Que quiere decir 'en beneficio propio', ya sabe usted.

 


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