Graduada en Bellas Artes y apasionada por esta misma materia, Rosario Villajos (Córdoba, 1978) ha desarrollado una carrera muy ligada a la expresión cultural. Siempre vinculada con el arte, ha trabajado en la industria musical, cinematográfica y literaria. Actualmente, combina su dedicación a la escritura (“Face”, 2017; “Ramona”, 2019; “La muela”, 2021) con un puesto en IT.
Uno de los puntos destacados de su trayectoria vino con “La educación física” (Seix Barral, 2023), novela con la que ganó el Premio Biblioteca Breve el mismo año de publicación. También le permitió ser finalista del Premio Strega Europeo y del Prix littérarie Les Inrockuptibles du roman. Con “Cortarse el cabello” (Seix Barral, 2026) vuelve a la literatura esta vez en formato de cuentos.
“Cortarse el cabello”, en su acepción más emocional (y no como el título de la cordobesa), contiene un significado simbólico y definitivo. Implica una transformación; dejar atrás, empezar o, frecuentemente, abordar ambos relatos de la mano. Se acaba algo para que empiece otro algo. Como nacer y morir.
La primera colección de cuentos de Rosario Villajos nos deja diecisiete argumentos entretejidos por un hilo común: el duelo. Cada persona atraviesa varios y distintos duelos a lo largo de la vida. A veces la pérdida del cabello es también uno de ellos. Una ruptura, una mudanza, desajustes de expectativas, el paso de la infancia a la adolescencia y de esta a la adultez, el cierre de etapas. O, por supuesto, la más evidente de todas: la muerte de un familiar. Que el relato describa un sentimiento colectivo y universal no lo facilita, lo diversifica en todas las formas en las que una persona aprende a habitar el suyo propio.
En el caso de la escritora, diecisiete historias son las que dan forma a la pérdida de su padre. Entre la verdad y la ficción, Villajos describe varias tramas en las que se intuye un vínculo complejo con su figura paterna. Y en ellas hay más de personalización de sus recuerdos, sentimientos y deseos que de realidades universales. Por lo tanto, aunque los argumentos de los cuentos no se parezcan y presenten nudos y personajes dispares, lo cierto es que se evidencia con facilidad que existe un nexo que los encapsula en un mismo bloque temático.
Una conclusión a la que nos lleva el libro es que la manera en la que se manifiesta el duelo a veces se desliga de lo perdido y se materializa en quien lo siente. Es decir, tiene más que ver con la persona que lo siente que con lo perdido. Una suerte de “qué fue para mí, qué fui para él/ella/ello”. Con la misma herramienta de la ficción se enfrenta al ente abstracto que es el duelo. Ella misma se descubre en el epílogo: “Había jugado a articular el relato, mientras asimilaba de forma instintiva sus emociones presentes, para ir basculando entre lo recordado y lo inventado”.
A nivel estilístico, “Cortarse el cabello” sigue el tono habitual de Rosario Villajos: irónico, crítico y simbólico, pero accesible y dispuesto; con personajes excéntricos o directamente sacados de la fantasía, combinados con figuras reales. Por una parte, aparecen vampiros, individuos que no se cortan el cabello (contrariamente al título) o con barbas constituidas por avispas. Y, en el otro lado, tenemos, entre otros, padres que no escuchan y no pueden escuchar. El desenlace desvela una u otra opción y que no tienen por qué ser opuestas.
“Cortarse el cabello” es una lectura rápida, pero meditada; sencilla, pero punzante; serena, pero emotiva. Al fin y al cabo, las experiencias son únicas y cambiantes, y, precisamente por eso, compartirlas siempre configura un acto de generosidad. Rosario Villajos ha comentado en entrevistas que la escritura de este libro le sirvió para dar forma a recuerdos estancados y a sentimientos no digeridos. A nivel individual para el escritor, es mucho lo que implica analizar una emoción enquistada y es, sin duda, una de las ambiciones de la literatura y, en consecuencia, del propio cuento. Pero también es importante para el lector que lo recibe. Contar historias, ficticias, verdaderas o mezcladas, constituye un verdadero acto de generosidad, del que comparte para el que escucha, y del que escucha para el que comparte.